El hondo corazón, hondo desierto [LH | ES] .::. e-94

1. El hondo corazón, hondo desierto,
te siente transitar, Jesús amable;
has puesto tu morada allí, Señor,
donde tú mismo hallabas a tu Padre.

2. Asciende de tu pecho el santo ayuno,
gustando de otro pan que Dios reparte;
se escucha dentro, a solas, un coloquio,
que vives en secreto invulnerable.

3. Prolongas tus vigilias luminosas,
mirando la Verdad de las verdades;
y el mundo está empezando en ti, Profeta,
el único que sabes el mensaje.

4. Los hombres, tus hermanos, te rodean,
pecadores, mas sangre de tu sangre;
por nosotros suplicas, Primogénito,
y por nosotros entras en combate.

5. ¡Porque eres Vencedor, a ti la gloria,
oh Valiente en la guerra que deshaces;
porque eres Vencedor, hoy con los ángeles,
te servimos, Humano y Adorable! Amén.

Textos bíblicos relacionados: desarrollo

* El TEXTO BÍBLICO del AUDIO de las siguientes citas bíblicas RELACIONADAS al canto es el de la primera versión de la Biblia EL LIBRO DEL PUEBLO DE DIOS (1.980); cuando no hay coincidencia entre audio y texto, se debe a que AÚN no se han puesto esos textos en el sitio, y se usan los de la edición del año 2003, que sí están completos.

Gn. 2. 7-9

4aEste fue el origen del cielo y de la tierra cuando fueron creados.4bCuando el Señor Dios hizo la tierra y el cielo, 7 Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.

8 El Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado. 9 Y el Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, que eran atrayentes para la vista y apetitosos para comer; hizo brotar el árbol de la vida en medio del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

Gn. 3. 1-7

1 La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: «¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?». 2 La mujer le respondió: «Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín. 3 Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: «No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte»». 4 La serpiente dijo a la mujer: «No, no morirán. 5 Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal». 6 Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió. 7 Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera.

Rom. 5. 12-19

12 Por lo tanto, por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. 13 En efecto, el pecado ya estaba en el mundo, antes de la Ley, pero cuando no hay Ley, el pecado no se tiene en cuenta. 14 Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso en aquellos que no habían pecado, cometiendo una transgresión semejante a la de Adán, que es figura del que debía venir.

15 Pero no hay proporción entre el don y la falta. Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos. 16 Tampoco se puede comparar ese don con las consecuencias del pecado cometido por un solo hombre, ya que el juicio de condenación vino por una sola falta, mientras que el don de la gracia lleva a la justificación después de muchas faltas. 17 En efecto, si por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia.

18 Por consiguiente, así como la falta de uno solo causó la condenación de todos, también el acto de justicia de uno solo producirá para todos los hombres la justificación que conduce a la Vida. 19 Y de la misma manera que por la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos.

Mt. 4. 1-11

1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. 2 Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. 3 Y el tentador, acercándose, le dijo: “Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. 4 Jesús le respondió: 4 “Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

5 Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, 6 diciéndole: “Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”.

7 Jesús le respondió: 7 “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.

8 El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, 9 y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras para adorarme”. 10 Jesús le respondió: 10 “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto”.

11 Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.

Mc. 1. 12-15

12 En seguida el Espíritu lo llevó al desierto, 13 donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían.

14 Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: 15 "El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia".

Deut. 26. 1-2. 4-10

1 Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia, cuando tomes posesión de ella y te establezcas allí, 2 recogerás las primicias de todos los frutos que extraigas de la tierra que te da el Señor, tu Dios, las pondrás en una canasta, y las llevarás al lugar elegido por el Señor, tu Dios, para constituirlo morada de su Nombre.

4 El sacerdote tomará la canasta que tú le entregues, la depositará ante el altar, 5 y tú pronunciarás estas palabras en presencia del Señor, tu Dios: “Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres, pero luego se convirtió en una nación grande, fuerte y numerosa. 6 Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre. 7 Entonces pedimos auxilio al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestra voz. Él vio nuestra miseria, nuestro cansancio y nuestra opresión, 8 y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo, en medio de un gran terror, de signos y prodigios. 9 Él nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel. 10 Por eso ofrezco ahora las primicias de los frutos del suelo, que tú, Señor, me diste”. Tú depositarás las primicias ante el Señor, tu Dios, y te postrarás delante de él.

Rom. 10. 5-13

5 Moisés, en efecto, escribe acerca de la justicia que proviene de la Ley: El hombre que la practique vivirá por ella. 6 En cambio, la justicia que proviene de la fe habla así: No digas ¿Quién subirá al cielo?, esto es, para hacer descender a Cristo. 7 O bien: ¿Quién descenderá al Abismo?, esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos. 8 ¿Pero qué es lo que dice la justicia?: La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de la fe que nosotros predicamos. 9 Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. 10 Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación. 11 Así lo afirma la Escritura: El que cree en él, no quedará confundido. 12 Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan. 13 Ya que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.

Lc. 4. 1-13

1 Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, 2 donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. 3 El demonio le dijo entonces: «Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan». 4 Pero Jesús le respondió: 4 «Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan». 5 Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra 6 y le dijo: «Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero. 7 Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá». 8 Pero Jesús le respondió: 8 «Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto». 9 Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, 10 porque está escrito: Él dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden”. 11 Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra». 12 Pero Jesús le respondió: 12 «Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios». 13 Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno.

Sal. 50

1 Del maestro de coro. Salmo de David. 2 Cuando el profeta Natán lo visitó, después que aquel se había unido a Betsabé.

3 ¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! 4 ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado!

5 Porque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí. 6 Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos. Por eso, será justa tu sentencia y tu juicio será irreprochable; 7 yo soy culpable desde que nací; pecador me concibió mi madre.

8 Tú amas la sinceridad del corazón y me enseñas la sabiduría en mi interior. 9 Purifícame con el hisopo y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve.

10 Anúnciame el gozo y la alegría: que se alegren los huesos quebrantados. 11 Aparta tu vista de mis pecados y borra todas mis culpas.

12 Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. 13 No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu.

14 Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga: 15 yo enseñaré tu camino a los impíos y los pecadores volverán a ti.

16 ¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío, y mi lengua anunciará tu justicia! 17 Abre mis labios, Señor, y mi boca proclamará tu alabanza.

18 Los sacrificios no te satisfacen; si ofrezco un holocausto, no lo aceptas: 19 mi sacrificio es un espíritu contrito, tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

20 Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad; reconstruye los muros de Jerusalén. 21 Entonces aceptarás los sacrificios rituales -las oblaciones y los holocaustos- y se ofrecerán novillos en tu altar.