Llenando el mundo .::. ll-3

1. Llenando el mundo, el sol abre
la mañana más y más.
La luz transcurre ahora
aún más pura volverá.
Descansa el peso del mundo
en alada suavidad,
teje la santa armonía
del tiempo en la eternidad.

2. Vivir, vivir como siempre;
vivir en siempre, y amar,
traspasado por el tiempo,
las cosas en su verdad.
Una luz única fluye,
siempre esta luz fluirá
desde el aroma del árbol
de la encendida bondad.

3. Todo en rotación diurna
descansa en su más allá,
espera, susurra, tiembla,
duerme y parece velar,
mientras el peso del mundo
tira del cuerpo y lo va
enterrando dulcemente
entre un después y un jamás.

4. Gloria al Padre omnipotente,
gloria al Hijo, que él nos da,
gloria al Espíritu Santo,
en tiempo y eternidad. Amén.

Textos bíblicos relacionados: desarrollo

* El TEXTO BÍBLICO del AUDIO de las siguientes citas bíblicas RELACIONADAS al canto es el de la primera versión de la Biblia EL LIBRO DEL PUEBLO DE DIOS (1.980); cuando no hay coincidencia entre audio y texto, se debe a que AÚN no se han puesto esos textos en el sitio, y se usan los de la edición del año 2003, que sí están completos.

Gn. 1

1 Al principio Dios creó el cielo y la tierra. 2 La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas.

3 Entonces Dios dijo: «Que exista la luz». Y la luz existió. 4 Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; 5 y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día.

6 Dios dijo: «Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas». Y así sucedió. 7 Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; 8 y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día.

9 Dios dijo: «Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme». Y así sucedió. 10 Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. 11 Entonces dijo: «Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro». Y así sucedió. 12 La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. 13 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día.

14 Dios dijo: «Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, 15 y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra». Y así sucedió. 16 Dios hizo los dos grandes astros - el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche - y también hizo las estrellas. 17 Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, 18 para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. 19 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.

20 Dios dijo: «Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo». 21 Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno. 22 Entonces los bendijo, diciendo: «Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra». 23 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día.

24 Dios dijo: «Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie». Y así sucedió. 25 Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno.

26 Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo».

27 Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer.

28 Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra». 29 Y continuó diciendo: «Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. 30 Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde». Y así sucedió. 31 Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.

Jb. 38

1 El Señor respondió a Job desde la tempestad, diciendo:

2 ¿Quién es ese que oscurece mi designio con palabras desprovistas de sentido?

3 ¡Ajústate el cinturón como un guerrero: yo te preguntaré, y tú me instruirás!

4 ¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra? Indícalo, si eres capaz de entender.

5 ¿Quién fijó sus medidas? ¿Lo sabes acaso? ¿Quién tendió sobre ella la cuerda para medir?

6 ¿Sobre qué fueron hundidos sus pilares o quién asentó su piedra angular, 7 mientras los astros de la mañana cantaban a coro y aclamaban todos los hijos de Dios?

8 ¿Quién encerró con dos puertas al mar, cuando él salia a borbotones del seno materno, 9 cuando le puse una nube por vestido y por pañales, densos nubarrones?

10 Yo tracé un límite alrededor de él, le puse cerrojos y puertas, 11 y le dije: “Llegarás hasta aquí y no pasarás; aquí se quebrará la soberbia de tus olas”.

12 ¿Has mandado una vez en tu vida a la mañana, le has indicado su puesto a la aurora, 13 para que tome a la tierra por los bordes y sean sacudidos de ella los malvados?

14 Ella adquiere forma como la arcilla bajo el sello y se tiñe lo mismo que un vestido: 15 entonces, a los malvados se los priva de su luz y se quiebra el brazo que se alzaba.

16 ¿Has penetrado hasta las fuentes del mar y has caminado por el fondo del océano?

17 ¿Se te han abierto las Puertas de la Muerte y has visto las Puertas de la Sombra?

18 ¿Abarcas con tu inteligencia la extensión de la tierra? Indícalo, si es que sabes todo esto.

19 ¿Por dónde se va adonde habita la luz y dónde está la morada de las tinieblas, 20 para que puedas guiarla hasta su dominio y mostrarle el camino de su casa?

21 ¡Seguro que lo sabes, porque ya habías nacido y es muy grande el número de tus días!

22 ¿Has penetrado hasta los depósitos de la nieve y has visto las reservas del granizo, 23 que yo guardo para los tiempos de angustia, para los días de guerra y de combate?

24 ¿Por qué camino se expande la luz y el viento del este se propaga sobre la tierra?

25 ¿Quién ha abierto un cauce al aguacero y un camino al estampido de los truenos, 26 para hacer llover sobre una tierra despoblada, sobre un desierto donde ningún hombre habita, 27 para regar los páramos desolados y hacer brotar una hierba en la estepa?

28 ¿Acaso la lluvia tiene un padre, y quién ha engendrado las gotas del rocío?

29 ¿Del vientre de quién sale el hielo, y quién da a luz la escarcha del cielo, 30 cuando las aguas se endurecen como piedra y se congela la superficie del océano?

31 ¿Anudas tú los lazos de las Pléyades o desatas las cuerdas del Orion?

32 ¿Haces salir las Híadas a su tiempo y guías a la Osa y sus cachorros?

33 ¿Conoces las leyes de los cielos? ¿Regulas su dominio sobre la tierra?

34 ¿Puedes alzar tu voz hasta las nubes para que te cubra una masa de agua?

35 ¿Parten los relámpagos cuanto tú los envías y ellos te dicen: “Aquí estamos”?

36 ¿Quién puso en el ibis la sabiduría o quién dio al gallo la inteligencia?

37 ¿Quién cuenta las nubes sabiamente y quién inclina los odres del cielo, 38 cuando el polvo se funde en una masa y los terrones se pegan entre sí?

39 ¿Cazas tú la presa para la leona y aplacas el hambre de sus cachorros, 40 cuando se agazapan en sus guaridas y están al acecho en la espesura?

41 ¿Quién prepara las provisiones para el cuervo, cuando sus pichones claman a Dios y andan errantes por falta de alimento?

Jb. 39

1 ¿Sabes tú cómo dan a luz las cabras monteses? ¿Observas el parto de las ciervas?

2 ¿Cuentas los meses de su gravidez y conoces el tiempo de su alumbramiento?

3 Ellas se agachan, echan sus crías y depositan sus camadas.

4 Sus crías se hacen robustas y crecen, se van al campo y no vuelven más.

5 ¿Quién dejó en libertad al asno salvaje y soltó las ataduras del onagro?

6 Yo le di la estepa como casa y como morada, la tierra salitrosa.

7 Él se ríe del tumulto de la ciudad, no oye vociferar al arriero.

8 Explora las montañas en busca de pasto, va detrás de cada brizna verde.

9 ¿Aceptará servirte el toro salvaje y pasará la noche junto a tu establo?

10 ¿Lo mantendrás sobre el surco con una rienda y trillará los valles detrás de ti?

11 ¿Contarías con él porque tiene mucha fuerza o podrías encomendarle tus trabajos?

12 ¿Confías acaso que él volverá para reunir los granos en tu era?

13 El avestruz bate sus alas alegremente, pero no tiene el plumaje de la cigüeña.

14 Cuando abandona sus huevos en la tierra y deja que se calienten sobre el polvo, 15 olvida que un pie los puede pisar y que una fiera puede aplastarlos.

16 Es cruel con sus crías, como si no fueran suyas, y no teme que sea vana su labor,

17 porque Dios le negó la sabiduría y no le concedió la inteligencia.

18 Pero apenas se levanta y toma impulso, se ríe del caballo y de su jinete.

19 ¿Le das tú la fuerza al caballo y revistes su cuello de crines?

20 ¿Lo haces saltar como una langosta? ¡Es terrible su relincho altanero!

21 Él piafa de contento en la llanura, se lanza con brío al encuentro de las armas: 22 se ríe del miedo y no se asusta de nada, no retrocede delante de la espada.

23 Por encima de él resuena la aljaba, la lanza fulgurante y la jabalina.

24 Rugiendo de impaciencia, devora la distancia, no se contiene cuando suena la trompeta.

25 Relincha a cada toque de trompeta, desde lejos olfatea la batalla, las voces de mando y los gritos de guerra.

26 ¿Es por tu inteligencia que se cubre de plumás el halcón y despliega sus alas hacia el sur?

27 ¿Por una orden tuya levanta vuelo el águila y pone su nido en las alturas?

28 La roca es su morada de día y de noche, la peña escarpada es su fortaleza.

29 Desde allí está al acecho de su presa y sus ojos miran a lo lejos.

30 Sus pichones se hartan de sangre; donde hay cadáveres, allí está ella.