Espiritualidad JUDÍA

Cada Semana se lee un grupo de párrafos del Penteteuco (Parashá), y al que le sigue una selección de textos históricos o proféticos (Haftarát). Como el año judío tiene 54 semanas, hay 54 Parashá. Cada una se denomina por la primer palabra del párrafo.
RECORDEMOS que en el culto judío no se lee o pronuncia el NOMBRE DE DIOS: YAHVÉ, e, incluso, no ESCRIBEN "DIOS", sino: "D-os", o algo parecido.

LEJ LEJÁ: Gn. 12. 1-17. 27

ALIÁ 1 [ Gn. 12. 1-13 ]
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Gn. 12. 1-13

1 El Señor dijo a Abrám: “Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré.

2 Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición.

3 Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra”.

4 Abrám partió, como el Señor se lo había ordenado, y Lot se fue con él. Cuando salió de Jarán, Abrám tenía setenta y cinco años. 5 Tomó a su esposa Sarai, a su sobrino Lot, con todos los bienes que habían adquirido y todas las personas que habían reunido en Jarán, y se encaminaron hacia la tierra de Canaán. Al llegar a Canaán, 6 Abrám recorrió el país hasta el lugar santo de Siquém, hasta la encina de Moré. En ese tiempo, los cananeos ocupaban el país. 7 Entonces el Señor se apareció a Abrám y le dijo: “Yo daré esta tierra a tu descendencia”. Allí Abrám erigió un altar al Señor, que se le había aparecido. 8 Después se trasladó hasta la región montañosa que está al este de Betel, y estableció su campamento, entre Betel, que quedaba al oeste, y Ai, al este. También allí erigió un altar al Señor e invocó su Nombre. 9 Luego siguió avanzando por etapas hasta el Négueb.

10 Entonces hubo hambre en aquella región, y Abrám bajó a Egipto para establecerse allí por un tiempo, porque el hambre acosaba al país. 11 Cuando estaba por llegar a Egipto, dijo a Sarai, su mujer: “Yo sé que eres una mujer hermosa. 12 Por eso los egipcios, apenas te vean, dirán: ‘Es su mujer’ , y me matarán, mientras que a ti te dejarán con vida. 13 Por favor, di que eres mi hermana. Así yo seré bien tratado en atención a ti, y gracias a ti, salvaré mi vida”.
ALIÁ 2 [ Gn. 12. 14-20; Gn. 13. 1-2 ]
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Gn. 12. 14-20

14 Cuando Abrám llegó a Egipto, los egipcios vieron que su mujer era muy hermosa, 15 y los oficiales de la corte, que también la vieron, la elogiaron ante el Faraón. Entonces fue llevada al palacio del Faraón. 16 En atención a ella, Abrám fue tratado deferentemente y llegó a tener ovejas, vacas, asnos, esclavos, sirvientas, asnas y camellos.

17 Pero el Señor infligió grandes males al Faraón y a su gente, por causa de Sarai, la esposa de Abrám. 18 El Faraón llamó a Abrám y le dijo: “¿Qué me has hecho? ¿Por qué no me advertiste que era tu mujer? 19 ¿Por qué dijiste que era tu hermana, dando lugar a que yo la tomara por esposa? Ahí tienes a tu mujer: tómala y vete”. 20 Después el Faraón dio órdenes a sus hombres acerca de Abrám, y ellos lo hicieron salir junto con su mujer y todos sus bienes.

Gn. 13. 1-2

1 Desde Egipto, Abrám subió al Négueb, llevando consigo a su esposa y todos sus bienes. También Lot iba con él. 2 Abrám tenía muchas riquezas en ganado, plata y oro.
ALIÁ 3 [ Gn. 13. 3-18 ]
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Gn. 13. 3-18

3 Después siguió avanzando por etapas desde el Négueb hasta Betel, hasta el lugar donde había acampado al comienzo, entre Betel y Ai, 4 donde estaba el altar que había erigido la primera vez. Allí Abrám invocó el nombre del Señor. 5 Lot, que acompañaba a Abrám, también tenía ovejas, vacas y carpas.

6 Y como los dos tenían demasiadas riquezas, no había espacio suficiente para que pudieran habitar juntos. 7 Por eso, se produjo un altercado entre los pastores de Abrám y los de Lot. En ese tiempo, los cananeos y los perizitas ocupaban el país.

8 Abrám dijo a Lot: «No quiero que haya altercados entre nosotros dos, ni tampoco entre tus pastores y los míos, porque somos hermanos. 9 ¿No tienes todo el país por delante? Sepárate de mí: si tú vas hacia la izquierda, yo iré hacia la derecha, y si tú vas hacia la derecha, yo iré hacia la izquierda». 10 Lot dirigió una mirada a su alrededor, y vio que toda la región baja del Jordán, hasta llegar a Soar, estaba tan bien regada como el Jardín del Señor o como la tierra de Egipto. Esto era antes que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra. 11 Entonces Lot eligió para sí toda la región baja del Jordán y se dirigió hacia el este. Así* se separaron el uno del otro: 12 Abrám permaneció en Canaán, mientras que Lot se estableció entre las ciudades de la región baja, poniendo su campamento cerca de Sodoma. 13 Pero los habitantes de Sodoma eran perversos y pecaban gravemente contra el Señor.

14 El Señor dijo a Abrám, después que Lot se separó de él: «Levanta los ojos, y desde el lugar donde éstas, mira hacia el norte y el sur, hacia el este y el oeste, 15 porque toda la tierra que alcances a ver, te la daré a ti y a tu descendencia para siempre. 16 Yo haré que tu descendencia sea numerosa como el polvo de la tierra. Si alguien puede contar los granos de polvo, también podrá contar tu descendencia. 17 Ahora recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque yo te lo daré».

18 Entonces Abrám trasladó su campamento y fue a establecerse junto al encinar de Mamré, que está en Hebrón. Allí erigió un altar al Señor.
ALIÁ 4 [ Gn. 14. 1-20 ]
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Gn. 14. 1-20

1 En tiempos de Amrafel, rey de Senaar, de Arioc, rey de Elasar, de Quedorlaomer, rey de Elám, y de Tidal, rey de Goím, 2 estos hicieron la guerra contra Berá, rey de Sodoma, Birsá, rey de Gomorra, Sinab, rey de Admá, Zeméber, rey de Seboím, y contra el rey de Belá, es decir, de Soar. 3 Todos ellos se concentraron en el valle de Sidím, que ahora es el mar de la Sal. 4 Durante doce años, habían estado sometidos a Quedorlaomer, pero al decimotercer año se rebelaron. 5 Y en el decimocuarto año, Quedorlaomer y los reyes que los acompañaban llegaron y derrotaron a los refaítas en Asterot Carnaim, a los zuzíes en Ham, a los emíes en la llanura de Quiriataim, 6 y a los hurritas en las montañas de Seír, cerca de El Parán, en el límite con el desierto. 7 Luego dieron vuelta hasta En Mispat - actualmente Cades - y sometieron todo el territorio de los amalecitas, y también a los amorreos que habitaban en Hasasón Tamar. 8 Entonces el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Admá, el rey de Seboím, y el rey de Belá - o Soar - avanzaron y presentaron batalla en el valle de Sidím 9 a Quedorlaomer, rey de Elám, a Tidal, rey de Goím, a Amrafel, rey de Senaar, y a Arioc, rey de Elasar. Eran cuatro reyes contra cinco.

10 El valle de Sidím estaba lleno de pozos de asfalto. Al huir, los reyes de Sodoma y Gomorra cayeron en ellos, mientras que los demás escaparon a las montañas. 11 Los invasores se apoderaron de todos los bienes de Sodoma y Gomorra, y también de sus víveres. Y cuando partieron, 12 se llevaron a Lot, el sobrino de Abrám con toda su hacienda, porque él vivía entonces en Sodoma.

13 Un fugitivo llevó la noticia a Abrám, el hebreo, que estaba acampado en el encinar de Mamré, el amorreo, hermano de Escol y de Aner; estos, a su vez, eran aliados de Abrám. 14 Al enterarse de que su pariente Lot había sido llevado cautivo, Abrám reclutó a la gente que estaba a su servicio - trescientos dieciocho hombres nacidos en su casa - y persiguió a los invasores hasta Dan. 15 El y sus servidores los atacaron de noche, y después de derrotarlos, los persiguieron hasta Jobá, al norte de Damasco. 16 Así Abrám recuperó todos los bienes, lo mismo que a su pariente Lot con su hacienda, las mujeres y la gente.

17 Cuando Abrám volvía de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que lo acompañaban, el rey de Sodoma salió a saludarlo en el valle de Savé, o sea el valle del Rey. 18 Y Melquisedec, rey de Salém, que era sacerdote de Dios, el Altísimo, hizo traer pan y vino, 19 y bendijo a Abrám, diciendo: «¡Bendito sea Abrám de parte de Dios, el Altísimo, creador del cielo y de la tierra! 20 ¡Bendito sea Dios, el Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos!». Y Abrám le dio el diezmo de todo.
ALIÁ 5 [ Gn. 14. 21-24; Gn. 15. 1-6 ]
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Gn. 14. 21-24

21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abrám: «Entrégame a las personas y quédate con los bienes». 22 Pero Abrám le respondió: «Yo he jurado al Señor Dios, el Altísimo, creador del cielo y de la tierra, 23 que no tomaré nada de lo que te pertenece; ni siquiera el hilo o la correa de una sandalia. Así no podrás decir: «Yo enriquecí a Abrám». 24 No quiero nada para mí, fuera de lo que mis servidores han comido. Solamente los hombres que me han acompañado, Aner, Escol y Mamré, recibirán su parte».

Gn. 15. 1-6

1 Después de estos acontecimientos, la palabra del Señor llegó a Abrám en una visión, en estos términos: “No temas, Abrám. Yo soy para ti un escudo. Tu recompensa será muy grande”.

2 “Señor,” respondió Abrám, ¿para qué me darás algo, si yo sigo sin tener hijos, y el heredero de mi casa será Eliezer de Damasco?”. 3 Después añadió: “Tú no me has dado un descendiente, y un servidor de mi casa será mi heredero”. 4 Entonces el Señor le dirigió esta palabra: “No, ese no será tu heredero; tu heredero será alguien que nacerá de ti”. 5 Luego lo llevó afuera y continuó diciéndole: “Mira hacia el cielo y, si puedes, cuenta las estrellas”. Y añadió: “Así será tu descendencia”. 6 Abrám creyó en el Señor, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación.
ALIÁ 6 [ Gn. 15. 7-20; Gn. 16. 1-16; Gn. 17. 1-6 ]
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Gn. 15. 7-20

7 Entonces el Señor le dijo: “Yo soy el Señor que te hice salir de Ur de los caldeos para darte en posesión esta tierra”. 8 “Señor,” respondió Abrám, ¿cómo sabré que la voy a poseer?”. 9 El Señor le respondió: “Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos ellos de tres años, y también una tórtola y un pichón de paloma”. 10 Él trajo todos estos animales, los cortó por la mitad y puso cada mitad una frente a otra, pero no dividió los pájaros. 11 Las aves de rapiña se abalanzaron sobre los animales muertos, pero Abrám las espantó.

12 Al ponerse el sol, Abrám cayó en un profundo sueño, y lo invadió un gran temor, una densa oscuridad. 13 El Señor le dijo: “Tienes que saber que tus descendientes emigrarán a una tierra extranjera. Allí serán esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años. 14 Pero yo juzgaré a la nación que los esclavizará, y después saldrán cargados de riquezas. 15 Tú, en cambio, irás en paz a reunirte con tus padres, y serás sepultado después de una vejez feliz. 16 Sólo a la cuarta generación tus descendientes volverán aquí, porque hasta ahora no se ha colmado la iniquidad de los amorreos”.

17 Cuando se puso el sol y estuvo completamente oscuro, un horno humeante y una antorcha encendida pasaron en medio de los animales descuartizados. 18 Aquel día, el Señor hizo una alianza con Abrám diciendo: “Yo he dado esta tierra a tu descendencia, desde el Torrente de Egipto hasta el Gran Río, el río Éufrates: 19 los quenitas, los quenizitas, los cadmonitas, 20 los hititas, los perizitas, los refaím,

Gn. 16. 1-16

1 Sarai, la esposa de Abrám, no le había dado ningún hijo. Pero ella tenía una esclava egipcia llamada Agar. 2 Sarai dijo a Abrám: ?Ya que el Señor me impide ser madre, únete a mi esclava. Tal vez por medio de ella podré tener hijos?. Y Abrám accedió al deseo de Sarai.

3 Ya hacía diez años que Abrám vivía en Canaán, cuando Sarai, su esposa, le dio como mujer a Agar, la esclava egipcia. 4 Él se unió con Agar y ella concibió un hijo. Al ver que estaba embarazada, comenzó a mirar con desprecio a su dueña. 5 Entonces Sarai dijo a Abrám: ?Que mi afrenta recaiga sobre ti. Yo misma te entregué a mi esclava, y ahora, al ver que está embarazada, ella me mira con desprecio. El Señor sea nuestro juez, el tuyo y el mío?. 6 Abrám respondió a Sarai: ?Puedes disponer de tu esclava. Trátala como mejor te parezca?. Entonces Sarai la humilló de tal manera, que ella huyó de su presencia.

7 El Ángel del Señor la encontró en el desierto, junto a un manantial -la fuente que está en el camino a Sur- 8 y le preguntó: ?Agar, esclava de Sarai, ¿de dónde vienes y adónde vas?? . ?Estoy huyendo de Sarai, mi dueña? , le respondió ella. 9 Pero el Ángel del Señor le dijo: ?Vuelve con tu dueña y permanece sometida a ella?. 10 Luego añadió: ?Yo multiplicaré de tal manera el número de tus descendientes, que nadie podrá contarlos?.

11 Y el Ángel del Señor le siguió diciendo: ?Tú has concebido y darás a luz un hijo, al que llamarás Ismael, porque el Señor ha escuchado tu aflicción. 12 Más que un hombre, será un asno salvaje: alzará su mano contra todos y todos la alzarán contra él; y vivirá enfrentado a todos sus hermanos?.

13 Agar llamó al Señor, que le había hablado, con este nombre: ?Tú eres El Roí, que significa 'Dios se hace visible'? , porque ella dijo: ?¿No he visto yo también a aquel que me ve??. 14 Por eso aquel pozo, que se encuentra entre Cades y Bered, se llamó Pozo de Lajai Roí, que significa ?Pozo del Viviente que me ve?.

15 Después Agar dio a Abrám un hijo, y Abrám lo llamó Ismael. 16 Cuando Agar lo hizo padre de Ismael, Abrám tenía ochenta y seis años.

Gn. 17. 1-6

1 Cuando Abrám tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo: «Yo soy el Dios Todopoderoso. Camina en mi presencia y sé irreprochable. 2 Yo haré una alianza contigo, y* te daré una descendencia muy numerosa».

3 Abrám cayó con el rostro en tierra, mientras Dios le seguía diciendo: 4 «Esta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones. 5 Y ya no te llamarás más Abrám: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud de naciones. 6 Te haré extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones, y de ti nacerán reyes.
ALIÁ 7 [ Gn. 17. 7-27 ]
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Gn. 17. 7-27

7 Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través de las generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así yo seré tu Dios y el de tus descendientes. 8 Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tus descendientes, toda la tierra de Canaán, esa tierra donde ahora resides como extranjero, y yo seré su Dios».

9 Después, Dios dijo a Abraham: «Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones. 10 Y esta es mi alianza con ustedes, a la que permanecerán fieles tú y tus descendientes; todos los varones deberán ser circuncidados. 11 Circuncidarán la carne de su prepucio, y ese será el signo de mi alianza con ustedes. 12 Al cumplir ocho días, serán circuncidados todos los varones de cada generación, tanto los nacidos en la casa como los que hayan sido comprados a un extranjero, a alguien que no es de tu sangre. 13 Sí, tanto los nacidos en tu casa como los que hayan sido comprados, serán circuncidados. Así ustedes llevarán grabada en su carne la señal de mi alianza eterna. 14 Y el incircunciso, aquel a quien no se haya cortado la carne de su prepucio, será excluido de su familia, porque ha quebrantado mi alianza».

15 También dijo Dios a Abraham: «A Sarai, tu esposa, no la llamarás más Sarai, sino que su nombre será Sara. 16 Yo la bendeciré y te daré un hijo nacido de ella, al que también bendeciré. De ella suscitaré naciones, y de ella nacerán reyes de pueblos». 17 Abraham cayó con el rostro en tierra, y se sonrió, pensando: «¿Se puede tener un hijo a los cien años? Y Sara, a los noventa, ¿podrá dar a luz?». 18 Entonces Abraham dijo a Dios: «Basta con que Ismael viva feliz bajo tu protección». 19 Pero Dios le respondió: «No, tu esposa Sara te dará un hijo, a quien pondrás el nombre de Isaac. Yo estableceré mi alianza con él y con su descendencia como una alianza eterna. 20 Sin embargo, también te escucharé en lo que respecta a Ismael: lo bendeciré, lo haré fecundo y le daré una descendencia muy numerosa; será padre de doce príncipes y haré de él una gran nación. 21 Pero mi alianza la estableceré con Isaac, el hijo que Sara te dará el año próximo, para esta misma época». 22 Y cuando terminó de hablar, Dios se alejó de Abraham.

23 Entonces Abraham tomó a su hijo Ismael y a todos los demás varones que estaban a su servicio - tanto los que habían nacido en su casa como los que había comprado - y aquel mismo día les circuncidó la carne del prepucio, conforme a la orden que Dios le había dado. 24 Cuando fueron circuncidados, Abraham tenía noventa y nueve años, 25 y su hijo Ismael, trece. 26 Abraham e Ismael fueron circuncidados el mismo día; 27 y todos los varones de su servidumbre, los nacidos en su casa y los comprados a extranjeros, fueron circuncidados junto con él.
Haftarat Lej Lejá
0. Sefaradim + Ashkenazim [ Is. 40. 2-25; Is. 41. 1-16 ]
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Is. 40. 2-25

2 Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle que su tiempo de servicio se ha cumplido, que su culpa está paga, que ha recibido de la mano del Señor doble castigo por todos sus pecados.

3 Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!

4 ¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies!

5 Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntamente, porque ha hablado la boca del Señor.

6 Una voz dice: “¡Proclama!”. Y yo respondo: “¿Qué proclamaré?”. “Toda carne es hierba y toda su consistencia, como la flor de los campos: 7 la hierba se seca, la flor se marchita cuando sopla sobre ella el aliento del Señor. Sí, el pueblo es la hierba.

8 La hierba se seca, la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre”.

9 Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a Sión; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: “¡Aquí está su Dios!”.

10 Ya llega el Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede.

11 Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz.

12 ¿Quién midió las aguas en el hueco de su mano y abarcó con la palma las dimensiones del cielo? ¿Quién hizo caber en una medida el polvo de la tierra o pesó en una báscula las montañas y en una balanza la colinas?

13 ¿Quién abarcó el espíritu del Señor y qué consejero lo instruyó?

14 ¿Con quién se aconsejó para que le hiciera comprender, para que le enseñara el sendero del derecho, para que le enseñara la ciencia y le hiciera conocer el camino de la inteligencia?

15 Sí, las naciones son como una gota que cae de un balde, cuentan como un grano de polvo en la balanza; las islas pesan lo mismo que el polvillo.

16 El Líbano no bastaría para encender fogatas, sus animales no bastarían para los holocaustos.

17 Todas las naciones son como nada ante él, cuentan para él como la nada y el vacío.

18 ¿A quién asemejarán ustedes a Dios y con qué imagen lo representarán?

19 Al ídolo, lo funde un artesano, un orfebre lo recubre de oro y le suelda cadenas de plata.

6 Ellos se ayudan mutuamente y uno dice al otro: “¡Fuerza!”.

7 El artesano anima al orfebre; el que forja a martillo, al que golpea el yunque, diciendo de la soldadura: “¡Está bien!”. Luego se sujeta al ídolo con clavos, para que no se tambalee.

20 El que es demasiado pobre para hacer esa ofrenda elige una madera que no se pudra y se busca un hábil artesano para erigir un ídolo que no se tambalee.

21 ¿No lo saben acaso?¿Nunca lo han escuchado? ¿No se les anunció desde el principio? ¿No han comprendido cómo se fundó la tierra?

22 Él está sentado sobre la cúpula de la tierra, donde los habitantes son como langostas. Él extiende los cielos como un tul, los despliega como una carpa para habitar en ellos.

23 Él aniquila a los soberanos y reduce a nada a los árbitros de la tierra: 24 apenas plantados, apenas sembrados, apenas su tallo echa raíz en la tierra, él sopla sobre ellos y se secan, y el huracán se los lleva como paja.

25 “¿A quién me van a asemejar, para que yo me iguale a él?”,dice el Santo.

Is. 41. 1-16

1 ¡Silencio delante de mí, costas lejanas, y que los pueblos renueven su fuerza! ¡Que se acerquen y entonces hablen! Comparezcamos juntos a juicio:

2 ¿Quién suscitó desde el Oriente a aquel a quien la victoria le sale al paso? ¿Quién le entrega las naciones y le somete a los reyes? Su espada los reduce a polvo, su arco, a paja que se avienta.

3 Él los persigue y pasa sano y salvo, sin tocar el camino con sus pies.

4 ¿Quién obró así, quién hizo esto? El que llama a las generaciones desde el principio, yo, el Señor, el Primero, y que seré el mismo al final.

5 Las costas lo ven y sienten temor, tiemblan los confines de la tierra: ¡ya se acercan, ya llegan!

8 Pero tú, Israel, mi servidor, Jacob, a quien yo elegí, descendencia de Abraham, mi amigo;

9 tú, a quien tomé de los confines de la tierra y llamé de las regiones más remotas, yo te dije: “Tú eres mi servidor, yo te elegí y no te rechacé”.

10 No temas, porque yo estoy contigo, no te inquietes, porque yo soy tu Dios; yo te fortalezco y te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa.

11 Sí, quedarán avergonzados y confundidos los que se enfurecen contra ti; serán como nada y desaparecerán aquellos que te desafían.

12 Buscarás, pero no los encontrarás, a aquellos que te provocan; serán como nada, absolutamente nada, los que te hacen la guerra.

13 Porque yo, el Señor, soy tu Dios, el que te sostengo de la mano derecha y te digo: “No temas, yo vengo en tu ayuda”.

14 Tú eres un gusano, Jacob, eres una lombriz, Israel, pero no temas, yo vengo en tu ayuda –oráculo del Señor– y tu redentor es el Santo de Israel.

15 Yo te convertiré en una trilladora, afilada, nueva, de doble filo: trillarás las montañas y las pulverizarás, y dejarás las colinas como rastrojo.

16 Las aventarás y el viento se las llevará, y las dispersará la tormenta; y tú te alegrarás en el Señor, te gloriarás en el Santo de Israel.
* Jesús, María, José, la Sagrada Familia, eran una familia JUDÍA. Jesús era un judío practicante: iba cada Sábado a la Sinagoga, a participar del culto comunitario. Lc. 4. 16 cuenta que hace la lectura, y lee el libro del profeta Isaías; técnicamente, hizo la lectura de la HAFTARAT (como MAFTIR), o sea, leyó la selección de textos históricos o proféticos, relacionado a la Parashá de la semana (grupo de párrafos de la Torá = Pentateuco, que se leen en las casas y en las sinagogas, y que se lee después de la Parashá semanal).
* Este lugar nos ayudará a conocer nuestras raíces judías, y muchas razones por las que hacemos algunas cosas en la Iglesia.