IGLESIAS CATÓLICAS ORTODOXAS

Gran JUEVES SANTO

MAITINES del Gran JUEVES SANTO
EVANGELIO: [Luc 108]
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Lc. 22. 1-39:

1 Estaba cerca la fiesta de los Ácimos, llamada Pascua. 2 Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban la manera de eliminar a Jesús, porque tenían miedo del pueblo. 3 Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era uno de los Doce. 4 Este fue a tratar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia sobre el modo de entregárselo. 5 Ellos se alegraron y convinieron en darle dinero. 6 Judas aceptó y buscaba una ocasión propicia para entregarlo sin que se enterara el pueblo.

7 Llegó el día de los Ácimos, en el que se debía inmolar la víctima pascual. 8 Jesús envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: «Vayan a prepararnos lo necesario para la comida pascual». 9 Ellos le preguntaron: «¿Dónde quieres que la preparemos?». 10 Jesús les respondió: «Al entrar en la ciudad encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa donde entre, 11 y digan a su dueño: El Maestro manda preguntarte: “¿Dónde está la sala en que podré comer la Pascua con mis discípulos?”. 12 Él les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones: preparen allí lo necesario». 13 Los discípulos partieron, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.

14 Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: 15 «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, 16 porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios».

17 Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. 18 Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios».

19 Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». 20 Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes.

21 La mano del traidor está sobre la mesa, junto a mí. 22 Porque el Hijo del hombre va por el camino que le ha sido señalado, pero ¡ay de aquel que lo va a entregar!». 23 Entonces comenzaron a preguntarse unos a otros quién de ellos sería el que iba a hacer eso.

24 Y surgió una discusión sobre quién debía ser considerado como el más grande. 25 Jesús les dijo: «Los reyes de las naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se hacen llamar bienhechores. 26 Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor. 27 Porque, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve.

28 Ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas. 29 Por eso yo les confiero la realeza, como mi Padre me la confirió a mí. 30 Y en mi Reino, ustedes comerán y beberán en mi mesa, y se sentarán sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

31 Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo, 32 pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos». 33 «Señor, le dijo Pedro, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte». 34 Pero Jesús replicó: «Yo te aseguro, Pedro, que hoy, antes que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces».

35 Después les dijo: «Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalia, ¿les faltó alguna cosa?». 36 «Nada», respondieron. Él agregó: «Pero ahora el que tenga una bolsa, que la lleve; el que tenga una alforja, que la lleve también; y el que no tenga espada, que venda su manto para comprar una. 37 Porque les aseguro que debe cumplirse en mí esta palabra de la Escritura: Fue contado entre los malhechores. Ya llega a su fin todo lo que se refiere a mí». 38 «Señor, le dijeron, aquí hay dos espadas». Él les respondió: «Basta».

39 En seguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos.
PRIMA del Gran JUEVES SANTO
PROKÍMENON: [Tono 1]
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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 82. 19. 2:

19 para que reconozcan que sólo tú llevas el nombre de “Señor”, el Altísimo sobre toda la tierra.

2 ¡Señor, no te quedes callado, Dios mío, no guardes silencio, no permanezcas inmóvil!
LECTURA
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Jer. 11. 18-23:

18 El Señor de los ejércitos me lo ha hecho saber y yo lo sé. Entonces tú me has hecho ver sus acciones. 19 Y yo era como un manso cordero, llevado al matadero, sin saber que ellos urdían contra mí sus maquinaciones: “¡Destruyamos el árbol mientras tiene savia, arranquémoslo de la tierra de los vivientes, y que nadie se acuerde más de su nombre!”.

20 Señor de los ejércitos, que juzgas con justicia, que sondeas las entrañas y los corazones, ¡que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he confiado mi causa!

21 Por eso, así habla el Señor contra los hombres de Anatot, que intentan quitarte la vida, diciendo: “¡No profetices en nombre del Señor, si no quieres morir en nuestras manos!”. 22 Por eso, así habla el Señor de los ejércitos: Yo los voy a castigar: sus jóvenes morirán bajo la espada, sus hijos y sus hijas morirán de hambre. 23 No quedará ningún resto, porque haré venir una desgracia sobre la gente de Anatot, el año en que tengan que dar cuenta.

Jer. 12. 1-5. 9-11. 14-15:

1 Tú eres demasiado justo, Señor, para que yo te recrimine; sin embargo, quiero tratar contigo una cuestión de justicia. ¿Por qué prospera el camino de los malvados y están en paz todos los traidores?

2 Tú los plantas y ellos echan raíces, crecen y producen fruto. Tú estás cerca de sus labios y lejos de sus sentimientos.

3 Pero tú me conoces, Señor, tú me ves, has sondeado mi actitud hacia ti. Arrástralos como ovejas al matadero, resérvalos para el día de la masacre.

4 ¿Hasta cuándo el país estará de duelo y se secará toda la hierba del campo? Por la maldad de los que habitan en él perecen las bestias y los pájaros. Porque ellos dicen:“¡Él no ve nuestros senderos!”.

5 Si ya te fatiga una carrera de a pie, ¿cómo competirás con los caballos? Si en una tierra de paz no te sientes seguro, ¿qué harás en la espesura del Jordán?

9 Mi herencia es un pájaro multicolor, asediado por las aves de rapiña. ¡Vayan, reúnanse, todas las fieras del campo, vengan a devorar!

10 Muchos pastores han arrasado mi viña, han pisoteado mi parcela, han hecho de mi parcela deliciosa un desierto desolado;

11 la han convertido en una desolación, está de duelo, desolada delante de mí; todo el país está devastado, sin que nadie se lo tome a pecho.

14 Así habla el Señor: A todos mi malos vecinos que tocan la herencia que hice heredar a mi pueblo Israel, yo los voy a arrancar de su suelo, y a la casa de Judá la arrancaré de en medio de ellos. 15 Pero, después de haberlos arrancado, me compadeceré nuevamente de ellos y los haré volver, cada uno a su herencia y cada uno a su país.
PROKÍMENON: [Tono 8]
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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 75. 12. 2:

12 Hagan votos al Señor, su Dios, y cúmplanlos; los que están a su alrededor, traigan regalos al Temible,

2 Dios es bien conocido en Judá, su Nombre es grande en Israel.
VÍSPERAS del Gran JUEVES SANTO
PROKÍMENON: [Tono 7]
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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 139. 2. 3:

2 Líbrame, Señor, de la gente malvada, protégeme de los hombres violentos,

3 de los que sólo piensan en hacer el mal y provocan discordias todo el día.
[1 ª ] LECTURA
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Éx. 19. 10-19:

10 Luego añadió: “Ve adonde está el pueblo y ordénales que se purifiquen hoy y mañana. Que laven su ropa 11 y estén preparados para pasado mañana. Porque al tercer día el Señor descenderá sobre la montaña del Sinaí, a la vista de todo el pueblo. 12 Fija también un límite alrededor del pueblo, haciendo esta advertencia: ‘Cuídense de subir a la montaña y hasta de tocar sus bordes, porque todo el que toque la montaña será castigado con la muerte. 13 Pero nadie pondrá su mano sobre el culpable, sino que deberá ser apedreado o muerto a flechazos; sea hombre o animal, no quedará vivo. Y cuando suene la trompeta, ellos subirán a la montaña’”.

14 Moisés bajó de la montaña y ordenó al pueblo que se sometiera a las purificaciones rituales. Todos lavaron su ropa, 15 y luego les dijo: “Estén preparados para pasado mañana. Mientras tanto, absténganse de tener relaciones sexuales”.

16 Al amanecer del tercer día, hubo truenos y relámpagos, una densa nube cubrió la montaña y se oyó un fuerte sonido de trompeta. Todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció de temor. 17 Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y todos se detuvieron al pie de la montaña. 18 La montaña del Sinaí estaba cubierta de humo, porque el Señor había bajado a ella en el fuego. El humo se elevaba como el de un horno, y toda la montaña temblaba violentamente. 19 El sonido de la trompeta se hacía cada vez más fuerte. Moisés hablaba, y el Señor le respondía con el fragor del trueno.
PROKÍMENON: [Tono 7]
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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 58. 2. 3:

2 Líbrame de mis enemigos, Dios mío, defiéndeme de los que se levantan contra mí;

3 líbrame de los que hacen el mal y sálvame de los hombres sanguinarios.
[2 ª ] LECTURA
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Jb. 38. 1-23:

1 El Señor respondió a Job desde la tempestad, diciendo:

2 ¿Quién es ese que oscurece mi designio con palabras desprovistas de sentido?

3 ¡Ajústate el cinturón como un guerrero: yo te preguntaré, y tú me instruirás!

4 ¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra? Indícalo, si eres capaz de entender.

5 ¿Quién fijó sus medidas? ¿Lo sabes acaso? ¿Quién tendió sobre ella la cuerda para medir?

6 ¿Sobre qué fueron hundidos sus pilares o quién asentó su piedra angular, 7 mientras los astros de la mañana cantaban a coro y aclamaban todos los hijos de Dios?

8 ¿Quién encerró con dos puertas al mar, cuando él salia a borbotones del seno materno, 9 cuando le puse una nube por vestido y por pañales, densos nubarrones?

10 Yo tracé un límite alrededor de él, le puse cerrojos y puertas, 11 y le dije: “Llegarás hasta aquí y no pasarás; aquí se quebrará la soberbia de tus olas”.

12 ¿Has mandado una vez en tu vida a la mañana, le has indicado su puesto a la aurora, 13 para que tome a la tierra por los bordes y sean sacudidos de ella los malvados?

14 Ella adquiere forma como la arcilla bajo el sello y se tiñe lo mismo que un vestido: 15 entonces, a los malvados se los priva de su luz y se quiebra el brazo que se alzaba.

16 ¿Has penetrado hasta las fuentes del mar y has caminado por el fondo del océano?

17 ¿Se te han abierto las Puertas de la Muerte y has visto las Puertas de la Sombra?

18 ¿Abarcas con tu inteligencia la extensión de la tierra? Indícalo, si es que sabes todo esto.

19 ¿Por dónde se va adonde habita la luz y dónde está la morada de las tinieblas, 20 para que puedas guiarla hasta su dominio y mostrarle el camino de su casa?

21 ¡Seguro que lo sabes, porque ya habías nacido y es muy grande el número de tus días!

22 ¿Has penetrado hasta los depósitos de la nieve y has visto las reservas del granizo, 23 que yo guardo para los tiempos de angustia, para los días de guerra y de combate?

Jb. 42. 1-5:

1 Job respondió al Señor, diciendo:

2 Yo sé que tú lo puedes todo y que ningún proyecto es irrealizable para ti.

3 Sí, yo hablaba sin entender, de maravillas que me sobrepasan y que ignoro.

4 “Escucha, déjame hablar; yo te interrogaré y tú me instruirás”.

5 Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos.
[3 ª ] LECTURA
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Is. 50. 4-11:

4 El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.

5 El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás.

6 Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.

7 Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.

8 Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí!

9 Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar? Todos ellos se gastarán como un vestido, se los comerá la polilla.

10 ¿Quién entre ustedes teme al Señor y escucha la voz de su Servidor? Aunque camine en las tinieblas, sin un rayo de luz, que confíe en el nombre del Señor y se apoye en su Dios.

11 Pero ustedes, los que atizan el fuego y arman flechas incendiarias, caminen al resplandor de sus hogueras y entre las flechas que encendieron. Esto les sucederá por obra mía y ustedes yacerán en medio de tormentos.
PROKÍMENON: [Tono 7]
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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 2. 2. 1:

2 Los reyes de la tierra se sublevan, y los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Ungido:

1 ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos hacen vanos proyectos?
[4 ª ] LECTURA [149]
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1 Cor. 11. 23-32:

23 Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, 24 dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». 25 De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía». 26 Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva. 27 Por eso, el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor.

28 Que cada uno se examine a sí mismo antes de comer este pan y beber esta copa; 29 porque si come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación. 30 Por eso, entre ustedes hay muchos enfermos y débiles, y son muchos los que han muerto. 31 Si nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos condenados. 32 Pero el Señor nos juzga y nos corrige para que no seamos condenados con el mundo.
Aleluia: Sal. 40. 2. 6. 10
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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 40. 2. 6. 10:

2 Feliz el que se ocupa del débil y del pobre: el Señor lo librará en el momento del peligro.

6 Mis enemigos sólo me auguran desgracias: "¿Cuándo se morirá y desaparecerá su nombre?".

10 Hasta mi amigo más íntimo, del que yo me fiaba,* el que comió mi pan, se puso contra mí.
LITURGIA DEL DÍA del Gran JUEVES SANTO
EVANGELIO: [Mt 107]
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Mt. 26. 2-20:

2 "Ya saben que dentro de dos días se celebrará la Pascua, y el Hijo del hombre será entregado para ser crucificado". 3 Entonces los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás, 4 y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con astucia y darle muerte. 5 Pero decían: "No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo".

6 Cuando Jesús se encontraba en Betania, en casa de Simón el leproso, 7 se acercó una mujer con un frasco de alabastro, que contenía un perfume valioso, y lo derramó sobre su cabeza, mientras él estaba comiendo. 8 Al ver esto, sus discípulos, indignados, dijeron: "¿Para qué este derroche? 9 Se hubiera podido vender el perfume a buen precio para repartir el dinero entre los pobres". 10 Jesús se dio cuenta y les dijo: "¿Por qué molestan a esta mujer? Ha hecho una buena obra conmigo. 11 A los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre. 12 Al derramar este perfume sobre mi cuerpo, ella preparó mi sepultura. 13 Les aseguro que allí donde se proclame esta Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo".

14 Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes 15 y les dijo: "¿Cuánto me darán si se lo entrego?". Y resolvieron darle treinta monedas de plata. 16 Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.

17 El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?". 18 Él respondió: "Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: "El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos. 19 Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.

20 Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce

Jn. 13. 3-17:

3 sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, 4 se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. 5 Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.

6 Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?». 7 Jesús le respondió: «No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás». 8 «No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!» . Jesús le respondió: «Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte». 9 «Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!». 10 Jesús le dijo: «El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos». 11 Él sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: «No todos ustedes están limpios».

12 Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? 13 Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy. 14 Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. 15 Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.

16 Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía.

17 Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican.

Mt. 26. 21-39:

21 y, mientras comían, Jesús les dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará". 22 Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo, Señor?". 23 Él respondió: "El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar. 24 El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!". 25 Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: "¿Seré yo, Maestro?". "Tú lo has dicho" , le respondió Jesús. *

26 Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen y coman, esto es mi Cuerpo". 27 Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: "Beban todos de ella, 28 porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados. 29 Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre".

30 Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos. 31 Entonces Jesús les dijo: 31 "Esta misma noche, ustedes se van a escandalizar a causa de mí. Porque dice la Escritura: Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño. 32 Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea". 33 Pedro, tomando la palabra, le dijo: "Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo no me escandalizaré jamás". 34 Jesús le respondió: "Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces". 35 Pedro le dijo: "Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré". Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

36 Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada Getsemaní, les dijo: "Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar". 37 Y llevando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. 38 Entonces les dijo: "Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo". 39 Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así: "Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya".

Lc. 22. 43-44:

43 Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba. 44 En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.

Mt. 26. 40-27. 2:

40 Después volvió junto a sus discípulos y los encontró durmiendo. Jesús dijo a Pedro: "¿Es posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo, ni siquiera una hora? 41 Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil". 42 Se alejó por segunda vez y suplicó: "Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad".

43 Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sueño. 44 Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. 45 Luego volvió junto a sus discípulos y les dijo: "Ahora pueden dormir y descansar: ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 46 ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar".

47 Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de una multitud con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. 48 El traidor les había dado esta señal: "Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo". 49 Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole: "Salud, Maestro" , y lo besó. 50 Jesús le dijo: "Amigo, ¡cumple tu cometido!". Entonces se abalanzaron sobre él y lo detuvieron.

51 Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. 52 Jesús le dijo: "Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere. 53 ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre? Él pondría inmediatamente a mi disposición más de doce legiones de ángeles. 54 Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales debe suceder así?". 55 Y en ese momento dijo Jesús a la multitud: "¿Soy acaso un ladrón*, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron". 56 Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

57 Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. 58 Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entró y se sentó con los servidores, para ver cómo terminaba todo.

59 Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para poder condenarlo a muerte; 60 pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos 61 que declararon: "Este hombre dijo: "Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres días.

62 El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús: "¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?". 63 Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió: "Te conjuro por el Dios vivo a que me digas * si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios". 64 Jesús le respondió: "Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo". 65 Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: "Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia. 66 ¿Qué les parece?". Ellos respondieron: "Merece la muerte".

67 Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo golpeaban, 68 diciéndole: "Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos* quién te golpeó".

69 Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una sirvienta se acercó y le dijo: "Tú también estabas con Jesús, el Galileo". 70 Pero él lo negó delante de todos, diciendo: "No sé lo que quieres decir". 71 Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí: "Este es uno de los que acompañaban a Jesús, el Nazareno". 72 Y nuevamente Pedro negó con juramento: "Yo no conozco a ese hombre". 73 Un poco más tarde, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron: "Seguro que tú también eres uno de ellos; hasta tu acento te traiciona". 74 Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre. En seguida cantó el gallo, 75 y Pedro recordó las palabras que Jesús había dicho: "Antes que cante el gallo, me negarás tres veces". Y saliendo, lloró amargamente.

1 Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. 2 Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron.
  1. DIA ANTERIOR: Gran MIÉRCOLES SANTO
  2. DIA SIGUIENTE: Gran VIERNES SANTO