IGLESIAS CATÓLICAS ORTODOXAS

SÁBADO 7 de PASCUA

LITURGIA del SÁBADO 7 de PASCUA
PROKÍMENON: [Tono 6]
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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 24. 13. 1:

13 su alma descansará feliz y su descendencia poseerá la tierra.

1 De David. Alef A ti, Señor, elevo mi alma, Bet
LECTURA [51]
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Hech. 28. 1-31:

1 Cuando estuvimos a salvo, nos enteramos de que la isla se llamaba Malta. 2 Sus habitantes nos demostraron una cordialidad nada común y nos recibieron a todos alrededor de un gran fuego que habían encendido a causa de la lluvia y del frío. 3 Pablo recogió unas ramas secas y las echó al fuego. El calor hizo salir una serpiente que se enroscó en su mano. 4 Cuando los habitantes del lugar vieron el reptil enroscado en su mano, comenzaron a decir entre sí: «Este hombre es seguramente un asesino: se ha salvado del mar, y ahora la justicia divina no le permite sobrevivir». 5 Pero él tiró la serpiente al fuego y no sufrió ningún mal. 6 Ellos esperaban que se hinchara o cayera muerto. Después de un largo rato, viendo que no le pasaba nada, cambiaron de opinión y decían: «Es un dios». 7 Había en los alrededores una propiedad perteneciente al principal de la isla, llamado Publio. Este nos recibió y nos brindó cordial hospitalidad durante tres días. 8 El padre de Publio estaba en cama con fiebre y disentería. Pablo fue a verlo, oró, le impuso las manos y lo curó. 9 A raíz de esto, se presentaron los otros enfermos de la isla y fueron curados. 10 Nos colmaron luego de toda clase de atenciones y cuando nos embarcamos, nos proveyeron de lo necesario.

11 Al cabo de tres meses nos embarcamos en un navío que había permanecido en la isla durante el invierno; era un barco alejandrino que tenía la insignia de Cástor y Pólux. 12 Hicimos escala en Siracusa, donde permanecimos tres días. 13 De allí, bordeando la costa llegamos a Regio. Al día siguiente, se levantó un viento del sur, y en dos días llegamos a Pozzuoli, 14 donde encontramos a unos hermanos que nos invitaron a permanecer una semana con ellos. Luego llegamos a Roma.

15 Los hermanos de esta ciudad, informados de nuestra llegada, nos salieron al encuentro y nos alcanzaron a la altura del «Foro de Apio» y en las «Tres Tabernas». Pablo, al verlos, dio gracias a Dios y se sintió reconfortado. 16 Cuando llegamos a Roma, recibió autorización para alojarse en una casa particular con un soldado que lo custodiara. 17 Tres días después convocó a los judíos principales, y cuando se reunieron les dijo: «Hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros padres, fui arrestado en Jerusalén y puesto en manos de los romanos. 18 Después de interrogarme, quisieron dejarme en libertad, porque no encontraban en mí nada que mereciera la muerte; 19 pero ante la oposición de los judíos, me vi obligado a apelar al Emperador, sin querer por esto acusar en nada a mi pueblo. 20 Por eso he querido verlos y hablarles, ya que a causa de la esperanza de Israel llevo estas cadenas». 21 Ellos le respondieron: «Nosotros no hemos recibido de Judea ninguna carta referente a ti, y ninguno de los hermanos que vinieron nos han contado nada que te sea desfavorable. 22 Pero ahora quisiéramos oírte exponer lo que piensas, porque sabemos que esta secta encuentra oposición en todas partes».

23 Entonces fijaron un día para encontrarse con él, y fueron a verlo en mayor número al lugar donde se alojaba. Pablo les habló durante todo el día sobre el Reino de Dios, dándoles toda clase de testimonio y tratando de persuadirlos para que creyeran en Jesucristo, a partir de la Ley de Moisés y de los Profetas. 24 Unos se convencían con sus palabras, pero otros se resistían a creer, 25 y mientras ellos se retiraban sin haberse puesto de acuerdo, Pablo dijo esta sola frase: «Son muy ciertas las palabras que el Espíritu Santo dijo a los padres de ustedes, por medio del profeta Isaías:

26 Ve a decir a este pueblo: Por más que oigan no comprenderán, por más que vean, no conocerán. 27 Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, se taparon los oídos y cerraron los ojos, por temor de que sus ojos vean, que sus oídos oigan, que su corazón comprenda, que se conviertan, y que yo los cure.

28 Sepan entonces que esa salvación de Dios va a ser anunciada a los paganos. Ellos sí que la escucharán». 29 .

30 Pablo vivió dos años enteros por sus propios medios, recibiendo a todos los que querían verlo, 31 proclamando el Reino de Dios, y enseñando con toda libertad y sin encontrar ningún obstáculo, lo concerniente al Señor Jesucristo.
EPÍSTOLA: [270]
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1 Tes. 4. 13-17:

13 No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza. 14 Porque nosotros creemos que Jesús murió y resucitó: de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él. 15 Queremos decirles algo, fundados en la Palabra del Señor: los que vivamos, los que quedemos cuando venga el Señor, no precederemos a los que hayan muerto. 16 Porque a la señal dada por la voz del Arcángel y al toque de la trompeta de Dios, el mismo Señor descenderá del cielo. Entonces, primero resucitarán los que murieron en Cristo. 17 Después nosotros, los que aún vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos al cielo, sobre las nubes, al encuentro de Cristo, y así permaneceremos con el Señor para siempre.
Aleluia: Sal. 64. 6; Sal. 101. 13
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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 64. 6:

6 Por tu justicia, Dios, salvador nuestro, nos respondes con obras admirables: tú eres la esperanza de los confines de la tierra y de las islas más remotas.

SALMOS RESPONSORIALES Sal. 101. 13:

13 Pero tú, Señor, reinas para siempre, y tu Nombre permanece eternamente.
EVANGELIO: [Jn 67]
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Jn. 21. 15-25:

15 Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos». 16 Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le respondió: «Sí, Señor, sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas». 17 Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas.

18 Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras».

19 De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme».

20 Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?». 21 Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: «Señor, ¿y qué será de este?». 22 Jesús le respondió: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa? Tú sígueme». 23 Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: «Él no morirá» , sino: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?».

24 Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero.

25 Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relatara detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.
CANTO DE COMUNIÓN:
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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 64:

1 Del maestro de coro. De David. Canto.

2 A ti, Señor, te corresponde un canto de alabanza en Sión, y todos tienen que cumplir sus votos, 3 porque tú escuchas las plegarias. A ti acuden todos los hombres 4 bajo el peso de sus culpas: nuestras faltas nos abruman, pero tú las perdonas.

5 Feliz el que tú eliges y atraes para que viva en tus atrios: ¡que nos saciemos con los bienes de tu Casa, con los dones sagrados de tu Templo!

6 Por tu justicia, Dios, salvador nuestro, nos respondes con obras admirables: tú eres la esperanza de los confines de la tierra y de las islas más remotas.

7 Tú afianzas las montañas con tu poder, revestido de fortaleza; 8 acallas el rugido de los mares, el estruendo de las olas y el tumulto de los pueblos.

9 Los que habitan en las tierras más lejanas temen tus obras prodigiosas; tú haces que canten de alegría el oriente y el occidente.

10 Visitas la tierra, la haces fértil y la colmas de riquezas; los canales de Dios desbordan de agua, y así preparas sus trigales:

11 riegas los surcos de la tierra, emparejas sus terrones; la ablandas con aguaceros y bendices sus brotes.

12 Tú coronas el año con tus bienes, y a tu paso rebosa la abundancia; 13 rebosan los pastos del desierto y las colinas se ciñen de alegría.

14 Las praderas se cubren de rebaños y los valles se revisten de trigo: todos ellos aclaman y cantan.

SALMOS RESPONSORIALES Sal. 101:

1 Oración del afligido que, en su angustia, derrama su llanto ante el Señor.

2 Señor, escucha mi oración y llegue a ti mi clamor; 3 no me ocultes tu rostro en el momento del peligro; inclina hacia mí tu oído, respóndeme pronto, cuando te invoco.

4 Porque mis días se disipan como el humo, y mis huesos arden como brasas; 5 mi corazón se seca, marchitado como la hierba, ¡y hasta me olvido de comer mi pan! 6 Los huesos se me pegan a la piel, por la violencia de mis gemidos.

7 Me parezco a una lechuza del desierto, soy como un búho entre las ruinas; 8 estoy desvelado, y me lamento como un pájaro solitario en el tejado; 9 mis enemigos me insultan sin cesar, y enfurecidos, me cubren de imprecaciones.

10 Yo como ceniza en vez de pan y mezclo mi bebida con lágrimas, 11 a causa de tu indignación y tu furor, porque me alzaste en alto y me arrojaste. 12 Mis días son como sombras que se agrandan, y me voy secando como la hierba.

13 Pero tú, Señor, reinas para siempre, y tu Nombre permanece eternamente.

14 Tú te levantarás, te compadecerás de Sión, porque ya es hora de tenerle piedad, ya ha llegado el momento señalado: 15 tus servidores sienten amor por esas piedras y se compadecen de esas ruinas.

16 Las naciones temerán tu Nombre, Señor, y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria: 17 cuando el Señor reedifique a Sión y aparezca glorioso en medio de ella; 18 cuando acepte la oración del desvalido y no desprecie su plegaria.

19 Quede esto escrito para el tiempo futuro y un pueblo renovado alabe al Señor: 20 porque él se inclinó desde su alto Santuario y miró a la tierra desde el cielo, 21 para escuchar el lamento de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

29 Los hijos de tus servidores tendrán una morada y su descendencia estará segura ante ti, 22 para proclamar en Sión el nombre del Señor y su alabanza en Jerusalén, 23 cuando se reúnan los pueblos y los reinos, y sirvan todos juntos al Señor.

24 Mis fuerzas se debilitaron por el camino y se abreviaron mis días; 25 pero yo digo: “Dios mío, no me lleves en la mitad de mi vida, tú que permaneces para siempre”.

26 En tiempos remotos, fundaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos; 27 ellos se acaban, y tú permaneces: se desgastan lo mismo que la ropa, los cambias como a un vestido, y ellos pasan.

28 Tú, en cambio, eres siempre el mismo, y tus años no tienen fin.
  1. DIA ANTERIOR: VIERNES 7 de PASCUA = Clausura de la Ascensión
  2. DIA SIGUIENTE: DOMINGO de PENTECOSTÉS