Salmo 63 (62): El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

Un profundo anhelo de Dios -bellamente expresado con la imagen de la tierra sedienta (v. 2)- es el sentimiento que domina todo este Salmo. Su autor podría ser un levita desterrado, que recuerda el tiempo en que vivía junto al Santuario, gozando de la intimidad con el Señor. En el silencio de la noche rememora aquellas horas felices, y ese recuerdo le sirve de consuelo (vs. 7-9). El versículo final indica que el salmista identifica su propia suerte con la de todo su Pueblo, representado en la persona del rey.

EL ANSIA DE DIOS

1 [bj] 1 Sam. 22-24

1 * Salmo de David. Cuando estaba en el desierto de Judá.

2 [bj] Sal. 36. 8-10; Sal. 42. 2; Sal. 143. 6 [bnp] Sal. 119. 148; Sal. 143. 6; Is. 26. 9 [bti] Jn. 7. 37-38

2 * Señor, tú eres mi Dios,
yo te busco ardientemente;
mi alma tiene sed de ti,
por ti suspira mi carne
como tierra sedienta, reseca y sin agua.

3 [bp] Éx. 24. 11

3 * Sí, yo te contemplé en el Santuario
para ver tu poder y tu gloria.
4 Porque tu amor vale más que la vida,
mis labios te alabarán.

5 [bti] Sal. 104. 33; Sal. 145. 2

5 Así te bendeciré mientras viva
y alzaré mis manos en tu Nombre.

6 [bj] Sal. 36. 9 [bnp] Jer. 31. 14

6 * Mi alma quedará saciada
como con un manjar delicioso,
y mi boca te alabará
con júbilo en los labios.

7 [bnp] Sal. 149. 5; Deut. 13. 5 [bti] Sal. 119. 55

7 Mientras me acuerdo de ti en mi lecho
y en las horas de la noche medito en ti,

8 [bj] Sal. 17. 8 [bti] Sal. 57. 2

8 * veo que has sido mi ayuda
y soy feliz a la sombra de tus alas.

9 [bp] Deut. 13. 5

9 Mi alma está unida a ti,
tu mano me sostiene.

10 [bj] Sal. 5. 11 [bp] Ez. 32. 18. 24 [bti] Ez. 26. 20

10 Que caigan en lo más profundo de la tierra
los que buscan mi perdición;

11 [bti] Is. 14. 19; Jer. 7. 33

11 que sean pasados al filo de la espada
y arrojados como presa a los chacales.

12 [bj] Sal. 21. 2; Sal. 64. 11; Deut. 6. 13; Jer. 12. 16

12 * Pero el rey se alegrará en el Señor;
y los que juran por él se gloriarán,
cuando se haga callar a los traidores.
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Ver 1 Sam. 22-24; 2 Sam. 15. 23-30.

1. 1 Sam. 22-24:


2. 2 Sam. 15. 23-30:

23 Todo el mundo lloraba a gritos, mientras el pueblo iba avanzando. El rey permanecía de pie en el torrente Cedrón, y todo el pueblo desfilaba ante él en dirección al desierto.

24 Allí estaba también Sadoc, con todos los levitas que transportaban el Arca de Dios. Ellos depositaron el Arca de Dios junto a Abiatar, hasta que todo el pueblo terminó de salir de la ciudad. 25 Pero el rey dijo a Sadoc: “Lleva de nuevo el Arca de Dios a la ciudad. Si el Señor me mira favorablemente, me hará volver a ver el Arca y su morada. 26 Y si dice: ‘No me complazco en ti’, aquí me tiene: ¡que haga conmigo lo que más le agrade!”. 27 Y el rey siguió diciendo al sacerdote Sadoc: “Mira, tú y Abiatar vuelvan en paz a la ciudad, y lleven con ustedes a sus dos hijos, a tu hijo Ajimáas y a Jonatán, el hijo de Abiatar. 28 Yo me voy a demorar en los pasos del desierto, hasta que reciba noticias de ustedes”. 29 Entonces Sadoc y Abiatar llevaron de vuelta el Arca de Dios a Jerusalén, y permanecieron allí.

30 David subía la cuesta de los Olivos; iba llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. Todo el pueblo que lo acompañaba también llevaba la cabeza cubierta, y lloraba mientras subía.
2

Ver 42. 2-3; 84. 3; 143. 6.

1. 42. 2-3:

2 Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios.

3 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios?

2. 84. 3:

3 Mi alma se consume de deseos por los atrios del Señor; mi corazón y mi carne claman ansiosos por el Dios viviente.

3. 143. 6:

6 y extiendo mis brazos hacia ti: suspiro por ti como tierra reseca.
3

“Contemplar al Señor en el Santuario” equivale a “contemplar su rostro”. Ver nota 11. 7

6

“Manjar delicioso”: la expresión original se refiere concretamente a la grasa de las víctimas ofrecidas en el sacrificio de acción de gracias.

12

“Los que juran por él”: esta expresión es ambigua y puede referirse tanto al rey como al Señor. En el Antiguo Oriente existía la costumbre de jurar por el rey. Ver Gn. 42. 15; 1 Sam. 17. 55; 25. 26; 2 Sam. 11. 11; 15. 21.

1. Gn. 42. 15:

15 Por eso van a ser sometidos a una prueba: juro por el Faraón que ustedes no quedarán en libertad, mientras no venga aquí su hermano menor.

2. 1 Sam. 17. 55:

55 Al ver que David salía al encuentro del filisteo, Saúl le había preguntado a Abner, el jefe del ejército: “Abner, ¿de quién es hijo ese muchacho?”. “¡Por tu vida, rey, no lo sé!”, respondió Abner.

3. 1 Sam. 25. 26:


4. 2 Sam. 11. 11:

11 Urías respondió a David: “El Arca, Israel y Judá viven en tiendas de campaña; mi señor Joab y los servidores de mi señor acampan a la intemperie, ¿y yo iré a mi casa a comer, a beber y a acostarme con mi mujer”? ¡Por la vida del Señor y por tu propia vida, nunca haré una cosa así!”.

5. 15. 21:

21 Pero Itai respondió al rey: “¡Por la vida del Señor y por tu propia vida, allí donde esté mi señor, el rey, allí estará tu servidor, en la muerte y en la vida!”.