Eclesiastés 5: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

[1 al 6]

1 [bj] Prov. 20. 25; Mt. 6. 7; Ecli. 7. 14; Prov. 10. 19

1 No te apures a abrir la boca
y que tu corazón no se apresure
a proferir una palabra delante de Dios.
Porque Dios está en el cielo, y tú, sobre la tierra:
sé parco en tus palabras,
2 ya que los sueños vienen de las muchas ocupaciones
y las palabras necias, de hablar demasiado.

3 [bj] Lev. 27. 1; Núm. 30. 3; Deut. 23. 22-24

3 Si haces un voto a Dios,
no tardes en cumplirlo,
porque a él no le agradan los necios:
el voto que hayas hecho, cúmplelo.
4 Más te vale no hacer un voto
que hacerlo y no cumplirlo.
5 * No dejes que tu boca te haga pecar,
y no digas delante del mensajero de Dios:
«Ha sido por inadvertencia».
¿Por qué Dios tendrá que irritarse contra tu palabra
y arruinar la obra de tus manos?

6 [bj] Ecli. 34. 1-5

6 Porque en los muchos sueños
abundan las ilusiones y el palabrerío.
Tú, simplemente, teme a Dios.

La tiranía del poder [ 7 | 8 ]

7 [bj] Ecl. 12. 13; 3. 16; 4. 1

7 Si ves que en la provincia se oprime al pobre
y se violan el derecho y la justicia,
no te sorprendas por eso.
Porque un grande tiene un superior que lo vigila,
y hay otros grandes por encima de ellos.
8 De todas maneras, lo que más aprovecha a un país
es un rey con campos bien cultivados.

Vanidad de las riquezas [ 9 | 16 ]

9 El que ama el dinero no se sacia jamás,
y al que ama la opulencia no le bastan sus ganancias.
También esto es vanidad.

10 [bj] Prov. 19. 6; Ecli. 13. 6

10 Donde abundan las provisiones
son muchos los que las devoran.
¿Y qué beneficio reportan a su dueño,
fuera de poder mirarlas con sus propios ojos?

11 [bj] Prov. 13. 8; Ecl. 5. 14; Jb. 1. 21

11 Dulce es el sueño del trabajador,
sea que coma poco o mucho;
al rico, en cambio, el estómago lleno
no lo deja dormir.
12 Hay un mal muy penoso que yo he visto bajo el sol:
es la riqueza guardada por su dueño para su propia desgracia.
13 Esta riqueza se pierde en un mal negocio,
y el hijo que él engendró se queda sin nada.

14 [nba2] Jb. 1. 21

14 Él salió desnudo del vientre de su madre,
y así volverá, como había venido;
de su esfuerzo no saca nada
que pueda llevárselo consigo.
15 Este es ciertamente un mal muy penoso:
se fue exactamente como había venido,
¿y de qué le aprovechó esforzarse por nada?
16 Además, todos sus días comió oscuramente,
con mucho dolor, malestar e irritación.

Lo único bueno para el hombre [ 17 | 19 ]

17 [bj] Ecl. 2. 14

17 Yo he comprobado esto:
lo más conveniente es comer y beber
y encontrar la felicidad en el esfuerzo
que uno realiza bajo el sol,
durante los contados días de vida
que Dios le concede a cada uno:
porque esta es la parte reservada a los hombres.
18 Además, si Dios ha dado a un hombre riquezas y posesiones,
y le permite disfrutar de ellas,
tomar la parte que le toca
y alegrarse de su trabajo,
¡eso es un don de Dios!
19 No, él no piensa demasiado en la brevedad de la vida,
cuando Dios lo tiene ocupado con pensamientos alegres.
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El “mensajero” de Dios es probablemente el sacerdote, ante quien debían presentarse los que habían incurrido en falta inadvertidamente (Lev. 4. 27-35; Núm. 15. 27-30).

1. Lev. 4. 27-35:

27 Si es una persona del pueblo la que peca inadvertidamente y se ha hecho culpable, cometiendo una falta contra alguna de las prohibiciones contenidas en los mandamientos del Señor, 28 una vez que se le haga conocer el pecado que ha cometido, presentará como ofrenda por la falta cometida, una cabra hembra y sin defecto. 29 Impondrá su mano sobre la cabeza de la víctima y la inmolará en el lugar del holocausto. 30 Después el sacerdote mojará su dedo en la sangre, la pondrá sobre los cuernos del altar de los holocaustos y derramará el resto de la sangre sobre la base del altar. 31 Luego quitará toda la grasa de la víctima, como se hace en los sacrificios de comunión, y la hará arder sobre el altar, como aroma agradable al Señor. De esta manera, el sacerdote practicará el rito de expiación en favor de esa persona, y así será perdonada.

32 Si lo que trae como ofrenda por el pecado es un cordero, deberá ser hembra y sin defecto. 33 Impondrá su mano sobre la cabeza de la víctima y la inmolará en el lugar donde se inmolan los holocaustos. 34 Luego el sacerdote mojará su dedo en la sangre de la víctima, la pondrá sobre los cuernos del altar de los holocaustos, y derramará toda la sangre sobre la base del altar. 35 Después quitará toda la grasa del animal, como se quita la grasa del cordero en los sacrificios de comunión, y la hará arder sobre el altar, junto con las ofrendas que se queman para el Señor. De esta manera, el sacerdote practicará el rito de expiación en favor de esa persona, por el pecado que cometió, y así será perdonada.

2. Núm. 15. 27-30:

27 Si quien obró inadvertidamente fue una sola persona, ofrecerá una cabra de un año como sacrificio por el pecado. 28 El sacerdote practicará el rito de expiación delante del Señor, en favor de esa persona, porque ella pecó inadvertidamente. Y cuando se practique en favor de ella el rito de expiación, será perdonada, 29 tanto el israelita como el extranjero residente entre ustedes: habrá una sola ley para todo el que obra por inadvertencia. 30 Pero el que obra deliberadamente –tanto el israelita como el extranjero– ultraja al Señor y será excluido de su pueblo.