Eclesiastés 6: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

[1 al 2]

1 Hay un mal que yo he visto bajo el sol
y que resulta muy pesado para el hombre.

2 [bj] Ecl. 2. 18-19; Lc. 12. 20

2 A uno Dios le ha dado riquezas, posesiones y honores,
y no le falta nada de todo lo que desea.
Pero Dios no le permite disfrutar de eso,
sino que lo disfruta un extraño.
Esto es vanidad y un mal penoso.

Vanidad de una vida infeliz [ 3 | 6 ]

3 [bj] Jb. 3. 11

3 * Si un hombre tiene cien hijos
y vive muchos años,
por más numerosos que sean los días de sus años,
si su alma no se sacia de felicidad
y ni siquiera le dan sepultura,
yo digo que un aborto es más feliz que él.
4 Porque este ha venido en vano
y se va hacia las tinieblas,
y su nombre será cubierto por las tinieblas;
5 no ha visto ni conocido el sol,
pero descansa más tranquilo que aquel.
6 * Y aunque ese hombre hubiera vivido dos mil años
sin ver en ellos la felicidad,
¿acaso no van todos al mismo sitio?

Máximas diversas [ 7 | 12 ]

7 Todo el esfuerzo del hombre va a parar a su boca,
pero el deseo no se satisface jamás.

8 [bj] Prov. 13. 7

8 ¿En qué aventaja el sabio al necio?
¿Qué ventaja tiene el pobre
que sabe enfrentarse con la vida?
9 Vale más lo que se ve con los ojos
que lo que se imagina con el deseo.
También esto es vanidad y correr tras el viento.

10 [bj] Ecl. 1. 9-11

10 * Lo que existe, ya ha sido llamado por su nombre.
Ya se sabe lo que es el hombre,
y que él no puede entrar en pleito
con aquel que es más fuerte que él.
11 Donde abundan las palabras, aumenta la vanidad,
¿y qué aprovecha eso al hombre?

12 [bj] Sal. 39. 7; 90. 10; 102. 12; 109. 23; Jb. 8. 9; 14. 2

12 Porque ¿quién sabe lo que es bueno para el hombre en la vida,
durante los contados días de su vida fugaz,
que él pasa como una sombra?
¿Quién puede, en efecto, indicar al hombre
lo que habrá después de él bajo el sol?
6 3

“Y ni siquiera le dan sepultura”: verse privado de una honrosa sepultura era la peor de las desgracias para un israelita (Is. 14. 18-20; Jer. 8. 2; 16. 4; 2 Mac. 5. 10; 13. 7).

1. Is. 14. 18-20:

18 Todos los reyes de las naciones descansan llenos de gloria, cada uno en su tumba.

19 Pero tú has sido arrojado lejos de tu sepulcro como un aborto abominable, como un cadáver pisoteado. Los que han sido masacrados, traspasados por la espada, son depositados sobre las piedras de la fosa.

20 Pero tú no te unirás con ellos en una sepultura, porque has destruido tu país, has asesinado a tu pueblo. ¡Nunca más será nombrada una raza de malhechores!

2. Jer. 8. 2:

2 Los expondrán ante el sol y la luna, y ante todo el Ejército de los cielos, a los que ellos amaron y sirvieron, a los que ellos siguieron y consultaron, y ante los cuales se postraron. Y no serán recogidos ni enterrados, sino que se convertirán en estiércol sobre la superficie del suelo.

3. 16. 4:

4 Ellos morirán de una muerte horrible y no serán llorados ni sepultados: se convertirán en estiércol sobre la superficie del suelo; serán exterminados por la espada y el hambre, y sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de los animales de la tierra.

4. 2 Mac. 5. 10:

10 El que había dejado a muchos sin sepultura, no tuvo quien lo llorara; nadie le tributó honras fúnebres y no encontró sitio en el sepulcro de sus antepasados.

5. 13. 7:

7 Con este suplicio murió el impío Menelao, sin ser ni siquiera sepultado en la tierra.
6

“Al mismo sitio”, es decir, al “Abismo” o morada de los muertos. Ver nota Sal. 6. 6.

10

“Lo que existe ya ha sido llamado por su nombre”, es decir, ha sido establecido por Dios, y su destino ya esta fijado. A diferencia de Job (Jb. 13. 21-22) y de Jeremías (Jer. 12. 1-5), el Eclesiastés no se atreve a discutir con Dios, a quien reconoce de antemano como “más fuerte que él”.

1. Jb. 13. 21-22:

21 aparta de mí la palma de tu mano y que tu terror no me atemorice.

22 Luego llámame, y yo te responderé, ohablaré yo, y tú me responderás.

2. Jer. 12. 1-5:

1 Tú eres demasiado justo, Señor, para que yo te recrimine; sin embargo, quiero tratar contigo una cuestión de justicia. ¿Por qué prospera el camino de los malvados y están en paz todos los traidores?

2 Tú los plantas y ellos echan raíces, crecen y producen fruto. Tú estás cerca de sus labios y lejos de sus sentimientos.

3 Pero tú me conoces, Señor, tú me ves, has sondeado mi actitud hacia ti. Arrástralos como ovejas al matadero, resérvalos para el día de la masacre.

4 ¿Hasta cuándo el país estará de duelo y se secará toda la hierba del campo? Por la maldad de los que habitan en él perecen las bestias y los pájaros. Porque ellos dicen:“¡Él no ve nuestros senderos!”.

5 Si ya te fatiga una carrera de a pie, ¿cómo competirás con los caballos? Si en una tierra de paz no te sientes seguro, ¿qué harás en la espesura del Jordán?