Sabiduría 19: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

La persecución de los israelitas y el paso del Mar Rojo [ 1 | 12 ]

1 Pero sobre los impíos se abatió hasta el fin una ira despiadada,
porque Dios tenía previsto lo que ellos harían:
2 * después de dejar que el pueblo se fuera,
y de ungirlos a partir apresuradamente,
ellos, cambiando de idea, saldrían a perseguirlos.
3 * En efecto, cuando todavía celebraban sus ritos fúnebres
y se lamentaban junto a las tumbas de sus muertos,
concibieron otro proyecto descabellado:
a los que ellos mismos habían rogado que se fueran
los comenzaron a perseguir como fugitivos.
4 La fuerza de las cosas los arrastraba con toda justicia a ese extremo
y les hacía olvidar lo que había sucedido,
para que terminaran de sufrir el castigo
que aún faltaba a sus tormentos:
5 así, mientras tu pueblo emprendía una maravillosa travesía,
ellos encontrarían una muerte insólita.
6 Porque la creación entera, obedeciendo a tus órdenes,
adquiría nuevas formas en su propia naturaleza,
para que tus hijos fueran preservados incólumes.
7 Se vio a la nube cubrir el campamento con su sombra
y emerger la tierra seca de lo que antes era agua;
apareció en el Mar Rojo un camino despejado
y una verde llanura, entre las olas impetuosas:
8 por allí paso todo un pueblo, protegido por tu mano,
contemplando prodigios admirables.
9 Eran como caballos en un pastizal
y retozaban como corderos,
alabándote a ti, Señor, su liberador.
10 Todavía recordaban lo que había sucedido en su destierro:
cómo los mosquitos, en lugar de reproducirse naturalmente,
fueron producidos por la tierra,
y cómo las ranas, en lugar de nacer de otros animales acuáticos,
fueron vomitadas por el Río en gran cantidad.
11 * Más tarde, vieron también un nuevo modo de nacer las aves:
cuando, excitados por la gula, ellos reclamaron manjares delicados,
12 para reconfortarlos, subieron codornices desde el mar.

Egipto, más culpable que Sodoma [ 13 | 17 ]

13 Pero sobre los pecadores se abatieron los castigos,
no sin antes ser preanunciados por la furia de los rayos:
con toda justicia, ellos sufrían a causa de su maldad,
ya que habían llevado al extremo su odio contra el extranjero.
14 * Porque otros no recibieron a los desconocidos que llegaban,
pero estos redujeron a servidumbre a huéspedes bienhechores.
15 Más aún, aquellos –y eso se les tendrá en cuenta–
mostraron desde el principio hostilidad ante el extranjero;
16 pero estos, en cambio, después de recibir a tu pueblo con fiestas,
y de hacerlo participar de sus mismos derechos,
lo maltrataron con terribles trabajos.
17 * Por eso fueron castigados con la ceguera
–como aquellos otros a las puertas del justo–
cuando rodeados de profundas tinieblas,
cada uno buscaba el acceso de su puerta.

Transformaciones de la naturaleza durante el Éxodo [ 18 | 21 ]

18 * Así, los elementos intercambiaban entre sí sus propiedades,
como en un instrumento de cuerdas los sonidos cambian de ritmo,
permaneciendo siempre la misma tonalidad.
Esto es lo que se infiere claramente al examinar lo sucedido:
19 * seres terrestres se volvían acuáticos,
los que nadan se desplazaban sobre la tierra;
20 el fuego superaba en el agua su propia fuerza
y el agua olvidaba su poder de apagar;
21 * las llamas, por el contrario, no consumían la carne
de los seres corruptibles que pasaban por ellas,
ni tampoco derretían aquel alimento divino,
parecido a la escarcha y tan fácil de disolverse.

Doxología final [ 22 | 22 ]

22 Por todos los medios, Señor,
tú has engrandecido y glorificado a tu pueblo,
y no has dejado de asistirlo en todo tiempo y lugar.
14

“Otros”: son los habitantes de Sodoma, que violaron las sagradas reglas de la hospitalidad (10. 7; Gn. 19. 1-11). El autor los compara con los egipcios, a quienes considera aún más reprensibles por su manera de tratar a los israelitas. Estos son llamados “huéspedes bienhechores”, porque estaban emparentados con José, el gran bienhechor de Egipto (Gn. 39 - 47).

17

Este pasaje alude a la “ceguera” con que fueron castigados los habitantes de Sodoma, ante las puertas del “justo” Lot (Gn. 19. 11).

18

Los griegos solían comparar la armonía cósmica con una melodía musical. El autor retoma esta idea y la aplica a los prodigios del Éxodo, que él interpreta como una “remodelación” del universo entero en favor de su pueblo (v. 6).

19

“Seres terrestres se volvían acuáticos”: tal vez se trata de los israelitas, durante su paso por el Mar Rojo, o de la caballería egipcia hundida en las aguas. “Los que nadan” son las ranas salidas del Nilo, que invadieron todo Egipto (Éx. 8. 2-3).

21

“Alimento divino”, literalmente, “alimento de ambrosía”. En la mitología griega, la ambrosía era la comida de los dioses, que los preservaba de la corrupción. Aquí se alude al maná, llamado también “alimento de ángeles” (16. 20).