Eclesiástico 1: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

PRÓLOGO DEL TRADUCTOR

La versión griega del Eclesiástico está precedida de un Prólogo, que generalmente no se considera inspirado, donde el traductor explica los motivos que lo impulsaron a llevar a cabo esta difícil tarea. Entre otras informaciones de interés, en este Prólogo encontramos la primera alusión a la división tripartita de la Biblia hebrea: LA LEY, LOS PROFETAS y LOS DEMÁS ESCRITOS.

[*1 al *35]

*1 Muchas e importantes enseñanzas nos han sido transmitidas por la Ley, los Profetas y los otros Escritores que los han seguido, por los cuales se debe elogiar a Israel a causa de su instrucción y su sabiduría. Pero es un deber para los que leen esos Libros, no sólo adquirir ciencia personalmente, *5 sino también poder ser útiles a los de afuera, con la palabra y los escritos. Por eso, mi abuelo Jesús, después de haberse aplicado intensamente a la lectura de la Ley, de los Profetas *10 y de los otros Libros de los antepasados, en los que adquirió una gran competencia, se decidió también él a escribir algo sobre temas de instrucción y sabiduría, de manera que los hombres deseosos de aprender, aplicándose a estas disciplinas, hicieran mayores progresos en la manera de vivir conforme a la Ley.
*15 Por lo tanto, ustedes están invitados a leer esto con benévola atención, y a mostrarse indulgentes allí donde pudiera parecer que, *20 a pesar de nuestros denodados esfuerzos de interpretación, no hemos logrado acertar en alguna expresión. Porque lo que está expresado en hebreo no conserva su misma fuerza cuando se lo traduce a otra lengua. Y esto no sucede sólo aquí, sino que la misma Ley, los Profetas *25 y los demás Libros presentan diferencias notables cuando se los lee en el original.
Ahora bien, en el año 38 del rey Evergetes, cuando yo vine a Egipto y me quedé allí, descubrí un ejemplar de esta valiosa instrucción,
*30 y juzgué extremadamente necesario aportar mi dedicación y esfuerzo a traducir ese Libro. He consagrado muchos desvelos y ciencia, durante este período, hasta llevar a buen término y publicar este Libro, para aquellos que, en el extranjero, están deseosos de aprender, *35 a fin de ajustar sus costumbres a una vida conforma e la Ley.

COLECCIÓN DE SENTENCIAS

La primera parte del Eclesiástico incluye varios elogios de la Sabiduría, personificada como una madre que alimenta a sus hijos (15. 2) y como una Palabra salida “de la boca del Altísimo” (24. 3). Ella penetra todo el universo, pero “echó raíces en un Pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su herencia” (24. 12), y es concedida abundantemente a los que lo aman (1. 10). El “principio” y la “corona” de la Sabiduría es el “temor del Señor”, actitud que implica el respeto filial a la infinita grandeza de Dios y la obediencia a su voluntad expresada en la Ley (1. 11-20). Aunque la Sabiduría “viene del Señor” (1. 1) y es un don divino, para alcanzarla se requiere un largo esfuerzo personal. Ella no se deja conquistar fácilmente y al principio prueba a sus hijos. Pero si estos superan las primeras dificultades y son dóciles a sus enseñanzas, termina por revelarles sus secretos y alegrarlos con sus bienes (4. 17-18).

A partir de estas ideas, el Sirácida agrupa una cantidad de sentencias y exhortaciones sobre las materias más diversas, sin ningún plan sistemático y con no pocas repeticiones. Entre las normas de sabiduría práctica que deben regir la conducta, se destacan la prudencia en las relaciones con los demás, la discreción en el hablar, la humildad y el desapego de las riquezas, el dominio de sí mismo, la firmeza en la educación de los hijos, la manera de cultivar la amistad y de comportarse con los necios, la cautela en el trato con las mujeres, el cuidado de la salud y la práctica del culto agradable a Dios. Por último, Ben Sirá hace algunas reflexiones sobre las miserias de la vida (40. 1-11) y la condición mortal de los hombres (41. 1-4), sin vislumbrar todavía la posibilidad de una justa retribución más allá de la muerte.

La Sabiduría, don del Señor [ 1 | 10 ]

1 [bj] Prov. 2. 6; Sab. 9. 4 [bpe] Prov. 8. 21ss; Sab. 8. 21; Jn. 1. 1. 18; Sant. 3. 17 [bnp] Sab. 9. 1 [bjs] Jer. 2. 13

1 Toda sabiduría viene del Señor, y está con él para siempre.

2 [bnp] Sal. 139 [bpe > 2-3] Sal. 139. 8; Is. 40. 12; Jb. 28. 24-27

2 ¿Quién puede contar la arena de los mares,
las gotas de la lluvia y los días de la eternidad?
3 ¿Quién puede medir la altura del cielo,
la extensión de la tierra, el abismo y la sabiduría?

4 [bj] Ecli. 24. 8.9; Bar. 3. 20-22; Jb. 28. 12-23 [bpe] Prov. 8. 22-30; Prov. 1. 1-6

4 Antes que todas las cosas fue creada la sabiduría
y la inteligencia previsora, desde la eternidad.
5 * El manantial de la sabiduría es la palabra de Dios en las alturas,
y sus canales son los mandamientos eternos.

6 [blpd] Jb. 28. 12-23; Prov. 8. 22-31; Bar. 3. 20-32

6 * ¿A quién fue revelada la raíz de la sabiduría
y quién conoció sus secretos designios?
7 ¿A quién se le manifesté la ciencia de la sabiduría
y quién comprendió la diversidad de sus caminos?

8 [bnp] Sal. 76 [bpe] Prov. 25. 1-8s

8 Sólo uno es sabio, temible en extremo:
el Señor, que está sentado en su trono.

9 [bj] Jb. 28. 27; Jl. 3. 1-2; Hech. 2. 17. 33; Ecli. 2. 26 [bpe > 9-10] Ecl. 2. 26; Bar. 3. 37 [bjs] Ecli. 42. 15ss; Ecli. 43; Jb. 38; Sal. 104; Prov. 16. 11; Sab. 11. 21

9 Él mismo la creó, la vio y la midió,
y la derramó sobre todas sus obras:
10 la dio a todos los hombres, según su generosidad,
y la infundió abundantemente en aquellos que lo aman.

El temor del Señor, fuente y plenitud de la Sabiduría [ 11 | 21 ]

11 [bj] Ecli. 9. 16 [bpe > 11-13] Ecli. 11. 28; Prov. 10. 7

11 El temor del Señor es gloria y motivo de orgullo,
es gozo y corona de alegría.

12 [bj] Prov. 4. 10; Ecli. 1. 20

12 El temor del Señor deleita el corazón,
da gozo, alegría y larga vida.

13 [bj] Ecli. 11. 27; Prov. 1. 7+

13 Todo terminará bien para el que teme al Señor,
él será bendecido en el día de su muerte.

14 [bnp] Prov. 1. 7

14[16] El principio de la sabiduría es el temor del Señor:
ella es creada junto con los fieles en el seno materno.

15 [blpd] Ecli. 24. 7-14; Prov. 8. 3; Bar. 3. 37-38 [bnp] Ecli. 16. 17 [bjs] Gál. 5. 14; Rom. 13. 10; 1 Cor. 13; Jn. 17. 3. 6. 17. 26

15[19] * Anidó entre los hombres para siempre
y permanecerá fielmente con su descendencia.

16 [bj] Prov. 8. 18-19 [bpe > 16-17] Prov. 24. 4; Sab. 7. 11 [bjs] Prov. 1. 7; Prov. 9. 10; Ecli. 12. 13; Sal. 111. 10; Jb. 31. 18; Sal. 58. 4; Jer. 1. 5; Gál. 1. 15; Rom. 8. 29

16[20] La plenitud de la sabiduría es el temor del Señor
y ella los embriaga con sus frutos:

17 [bj] Sab. 7. 11 [bnp] Prov. 8. 18

17[21] les colma la casa de bienes preciosos
y con sus productos llena sus graneros.
18[22] La corona de la sabiduría es el temor del Señor:
ella hace florecer el bienestar y la buena salud.
19[23] El Señor la vio y la midió, hizo llover la ciencia y el conocimiento,
[24] y exaltó la gloria de los que la poseen.

20 [bj] Ecli. 1. 12

20[25] La raíz de la sabiduría es el temor del Señor
y sus ramas son una larga vida.
21[27] El temor del Señor aleja los pecados:
el que persevera en él aparta la ira divina.

La paciencia y el dominio de sí mismo [ 22 | 24 ]

22 [bj] Prov. 29. 22 [bnp] Prov. 14. 29

22[28] Un arrebato indebido no puede justificarse,
porque el ímpetu de la pasión lleva a la propia ruina.

23 [bnp] Prov. 16. 32

23[29] El hombre paciente soporta hasta el momento oportuno,
pero al fin se llenará de gozo:
24[30] él reserva sus palabras hasta el momento oportuno,
y los labios de muchos proclamarán su inteligencia.

Condiciones para alcanzar la Sabiduría [ 25 | 30 ]

25[31] En los tesoros de la sabiduría están los enigmas de la ciencia,
[32] pero el pecador aborrece la religiosidad.
26[33] Si deseas la sabiduría, observa los mandamientos,
y el Señor te la dará abundantemente.

27 [bj] Prov. 15. 33

27[34] Porque el temor del Señor es sabiduría e instrucción:
[35] a él le agradan la fidelidad y la mansedumbre.

28 [bj] Ecli. 2. 12;; Ecli. 5. 9; Sant. 1. 6-8 [bpe > 28-30] Sal. 12. 3; 1 Crón. 12. 34; Prov. 11. 2; Sab. 1. 1-4

28[36] No seas reacio al temor del Señor
ni te acerques a él con doblez de corazón.
29[37] No seas hipócrita delante de los hombres
y presta atención a tus palabras.

30 [bj] Prov. 5. 14 [bnp] Ecli. 10. 6-18

30[38] No te exaltes a ti mismo,
no sea que caigas y atraigas sobre ti el deshonor:
[39] el Señor revelará tus secretos
y te humillará en medio de la asamblea,
[40] por no haberte acercado al temor del Señor
y porque tu corazón está lleno de falsedad.
1 5

Este versículo, lo mismo que los vs. 7 y 21 faltan en los mejores manuscritos.

6

Ver Jb. 28. 12-23; Prov. 8. 22-31; Bar. 3. 20-32.

1. Jb. 28. 12-23:

12 Pero la Sabiduría, ¿de dónde sale? ¿Y cuál es el lugar de la Inteligencia?

13 El hombre no conoce su camino ni se la encuentra en la tierra de los vivientes.

14 El Abismo dice: “No está en mí”, y el Mar: “No está conmigo”.

15 No se puede dar oro fino a cambio de ella ni se la compra a precio de plata.

16 No se la evalúa con oro de Ofir ni con ónix precioso o zafiro.

17 No se le igualan ni el oro ni el cristal, ni se la puede cambiar por vasos de oro.

18 Los corales y el cuarzo, ¡mejor ni nombrarlos!, y adquirir la Sabiduría vale más que las perlas.

19 El topacio de Cus no se le iguala, ni se la puede evaluar con oro fino.

20 La Sabiduría, entonces, ¿de dónde viene? ¿Y cuál es el lugar de la Inteligencia?

21 Ella se oculta a los ojos de todos los vivientes y se esconde de los pájaros del cielo.

22 La Perdición y la Muerte dicen: “Sólo su fama llegó a nuestros oídos”.

23 Dios es el que discierne sus caminos y sólo él sabe donde está,

2. Prov. 8. 22-31:

22 El Señor me creó como primicia de sus caminos, antes de sus obras, desde siempre. 23 Yo fui formada desde la eternidad, desde el comienzo, antes de los orígenes de la tierra. 24 Yo nací cuando no existían los abismos, cuando no había fuentes de aguas caudalosas. 25 Antes que fueran cimentadas las montañas, antes que las colinas, yo nací, 26 cuando él no había hecho aún la tierra ni los espacios ni los primeros elementos del mundo. 27 Cuando él afianzaba el cielo, yo estaba allí; cuando trazaba el horizonte sobre el océano, 28 cuando condensaba las nubes en lo alto, cuando infundía poder a las fuentes del océano, 29 cuando fijaba su límite al mar para que las aguas no transgredieran sus bordes, cuando afirmaba los cimientos de la tierra, 30 yo estaba a su lado como un hijo querido y lo deleitaba día tras día, recreándome delante de él en todo tiempo, 31 recreándome sobre la faz de la tierra, y mi delicia era estar con los hijos de los hombres.

3. Bar. 3. 20-32:

20 Otros más jóvenes han visto la luz y han habitado sobre la tierra, pero no han conocido el camino de la ciencia,

21 no han comprendido sus senderos. Tampoco sus hijos la han alcanzado y se han alejado de sus caminos.

22 No se oyó nada de ella en Canaán, ni se la vio en Temán.

23 Ni siquiera los hijos de Agar, que buscan la ciencia sobre la tierra, ni los mercaderes de Merrán y de Temán, inventores de fábulas y buscadores de inteligencia, han conocido el camino de la sabiduría, ni se han acordado de sus senderos.

24 ¡Qué grande, Israel, es la morada de Dios, qué extenso es el lugar de su dominio!

25 ¡Es grande y no tiene fin, excelso y sin medida!

26 Allí nacieron los famosos gigantes de los primeros tiempos, de gran estatura y expertos en la guerra.

27 Pero no fue a ellos a quienes Dios eligió y les dio el camino de la ciencia;

28 ellos perecieron por su falta de discernimiento, perecieron por su insensatez.

29 ¿Quién subió al cielo para tomarla y hacerla bajar de las nubes?

30 ¿Quién atravesó el mar para encontrarla y traerla a precio de oro fino?

31 Nadie conoce su camino, ni puede comprender su sendero.

32 Pero el que todo lo sabe, la conoce, la penetró con su inteligencia; el que formó la tierra para siempre, y la llenó de animales cuadrúpedos;
15

Ver 24. 7-14; Prov. 8. 3; Bar. 3. 37-38.

1. 24. 7-14:

7 Entre todos ellos busqué un lugar de reposo, me pregunté en qué herencia podría residir. 8 Entonces, el Creador de todas las cosas me dio una orden, el que me creó me hizo instalar mi carpa, él me dijo: 'Levanta tu carpa en Jacob y fija tu herencia en Israel'. 9 Él me creó antes de los siglos, desde el principio, y por todos los siglos no dejaré de existir. 10 Ante él, ejercí el ministerio en la Morada santa, y así me he establecido en Sión; 11 él me hizo reposar asimismo en la Ciudad predilecta, y en Jerusalén se ejerce mi autoridad. 12 Yo eché raíces en un Pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su herencia. 13 Crecí como un cedro en el Líbano y como un ciprés en los montes del Hermón; 14 crecí como una palmera en Engadí y como los rosales en Jericó; como un hermoso olivo en el valle, y como un plátano, me elevé hacia lo alto.

2. Prov. 8. 3:

3 al lado de las puertas, a la entrada de la ciudad, en los lugares de acceso, ella dice en alta voz:

3. Bar. 3. 37-38:

37 Él penetró todos los caminos de la ciencia y se la dio a Jacob, su servidor, y a Israel, su predilecto.

38 Después de esto apareció sobre la tierra, y vivió entre los hombres.