Santo TOMÁS de AQUINO

CATENA ÁUREA: MATEO

MATEO 10

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1-4. Y llamados sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos, para que los arrojasen y curasen todo decaimiento y toda enfermedad. Estos son los nombres de los doce Apóstoles: el primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón Cananeo y Judas Iscariote, que fue el que entregó a Jesús, (vv. 1-4) (Mt. 10. 1-4)

GlosaDesde la curación de la suegra de Pedro hasta aquí se cuenta una serie ininterrumpida de milagros que hizo Jesús antes de su discurso de la montaña. Indudablemente debemos contar entre ellos la elección de San Mateo (que se refiere como uno de tantos), puesto que fue mencionado en la montaña como uno de los doce para el apostolado. Y ordena los hechos de Jesús tomando como punto de partida, la curación del esclavo del Centurión, diciendo: "Y llamando sus doce discípulos".

RemigioEl Evangelista nos dijo más arriba que exhortó el Señor a sus discípulos a que suplicasen al señor de la mies, a fin de que mandara operarios a su mies; su exhortación obtuvo cumplimiento ahora. Porque el número doce es número perfecto, porque viene del número seis que también lo es, puesto que sus funciones uno, dos y tres forman en sí mismas un todo perfecto y el número doce no es más que el doble de seis.

GlosaLa duplicación de este número representa los dos preceptos de la caridad o los dos Testamentos.

RábanoEl número doce, que viene del tres y del cuatro, nos dice que los Apóstoles predicarán la fe de la Santa Trinidad por las cuatro regiones de la tierra. Muchas figuras tenemos en el Antiguo Testamento de este número doce; los doce hijos de Jacob (Gn 35); los doce príncipes de los hijos de Israel (Núm 1); las doce fuentes vivas en Elim (Ex 15); las doce piedras en el pectoral de Aarón (Ex 39); los doce panes de la proposición (Lv 24); los doce exploradores enviados por Moisés (Nm 13); las doce piedras de que se formó el altar (IRe 18); las doce piedras sacadas del Jordán (Jos 4); los doce bueyes que sostenían el mar de bronce (IRe 7) y en el Nuevo Testamento: las doce estrellas que brillaban en la corona de la Mujer (Ap 12); los doce fundamentos de Jerusalén que vio San Juan y las doce puertas (Ap 21).

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 32,3No sólo les inspira confianza llamando a su ministerio misión para la mies, sino también dándoles poder para el desempeño de este ministerio, según aquellas palabras: "Les dio potestad sobre los espíritus inmundos para que los arrojaran y para que curasen todo decaimiento y toda enfermedad".

RemigioNos demuestra en este lugar Jesús que no era uno solo y leve el sufrimiento de la multitud, sino de muchas maneras y por esto se compadeció de ellos y dio poder a sus discípulos para que los curasen y les dieran la salud.

San JerónimoEl Señor, Maestro benigno y clemente, no envidia el poder de sus discípulos y servidores y da poder a sus Apóstoles para curar todo abatimiento y toda enfermedad. Pero hay gran diferencia entre tener y atribuir, entre dar y recibir; el que recibe todo cuanto hace, lo hace por el poder de Dios y los Apóstoles confiesan en todas las obras que hacen su debilidad y el poder del Señor por estas palabras: "En el nombre de Jesús levántate y anda" (Hech. 3. 6) (Hch 3,6). En el hecho de poner el Evangelista el catálogo de los Apóstoles, quedan excluidos de él todos los que se tenían por apóstoles y en realidad no eran más que falsos apóstoles. Por eso se dice: "Estos son los nombres de los doce Apóstoles". El primero Simón, conocido con el nombre de Pedro y su hermano Andrés; sólo el que ve el fondo de los corazones puede hacer la clasificación de los Apóstoles según el mérito de cada uno. Pone en primer término a Simón, por sobrenombre Pedro, para distinguirle de aquel otro Simón, llamado el Cananeo, natural de Caná, villa de la Galilea, en donde convirtió Jesús el agua en vino (Jn, 2). (Jn. 2)

RábanoLa palabra en latín Petrus, tiene el mismo significado que la siríaca cephas, en ambos idiomas se deriva dicha palabra de la de piedra, según aquello de San Pablo: "La piedra era Cristo" (ICor 10,4). (1 Cor. 10. 4)

RemigioNo faltaron algunos que, buscando en el hebreo la significación de la palabra griega y latina Pedro, sostuvieron que dicha palabra significa el que descalza, o el que disuelve, o el que conoce. Pero no se puede sostener semejante opinión sin venir a parar en estas dos contradicciones. La primera está basada en la propiedad de la lengua hebrea, en la que no aparece la letra P y vemos en su lugar la F; de ahí el llamar a Pilatos, Filatos o Philatos y la segunda es el sentido que le dio el Evangelista cuando nos hace mención de aquellas palabras de Jesús: "Y tú te llamarás Cephas"; palabra que interpreta el mismo evangelista por Pedro (Jn 1,42). El nombre de Simón significa obediente, porque obedeció él a la voz de Andrés y en su compañía se presentó a Cristo (Jn 1); o también porque obedeció los preceptos de Dios y le bastó para seguir a Cristo un solo mandato del Señor (Mt 4); o también, según algunos opinan, significa dicha palabra el que olvida la pena y acepta el sacrificio, porque Pedro, con la resurrección del Señor, dejó en efecto la pena que le habían causado la pasión del Señor y su propia negación y comprendió con tristeza aquellas palabras del Señor: "Otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras". (Jn 21,18). (Jn. 21. 18) Sigue: "Y Andrés, su hermano".

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 32,3No es pequeña la alabanza de que Pedro haya sido designado por su virtud y Andrés por su nobleza, es decir, por el parentesco que tenía con su hermano. San Marcos pone a Andrés en tercer lugar, esto es, después de Pedro y de Juan, San Mateo no los coloca en ese orden. Esto se entiende porque San Marcos los puso en el orden que cada uno tiene según su dignidad.

RemigioEl nombre de Andrés significa viril, porque así como viril viene de la palabra latina vir, así también Andrés se deriva de la griega andros. Merece efectivamente el nombre de varonil, porque después de haber abandonado todas las cosas por seguir a Cristo, perseveró varonilmente en los preceptos del Señor.

San JerónimoEl Evangelista nos da a conocer cierta paridad entre los diferentes Apóstoles, porque une a Pedro y Andrés, hermanos, no sólo en la carne, sino en el espíritu; a Santiago y a Juan, que, dejando al padre del cuerpo, siguieron al verdadero Padre (Mt 4). Y dice el evangelista: "Santiago, hijo de Zebedeo y su hermano Juan"; llama a Santiago hijo de Zebedeo, porque había otro Santiago, hijo de Alfeo.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 32,3Ve aquí la razón de por qué no los coloca en orden según su dignidad. En mi concepto no es más que porque Juan, no sólo es de más edad que los otros, sino también más que su hermano.

RemigioEl nombre de Santiago se interpreta el que suplanta o suplantador, porque, no sólo suplantó los vicios camales, sino que despreció hasta su propia carne, martirizada por Herodes (Hch 12). Juan significa gracia de Dios, porque mereció ser más amado que ningún otro Apóstol por el Señor; amor grandísimo que le valió recostarse durante la cena sobre el pecho del Señor (Jn 13). Siguen Felipe y Bartolomé: Felipe es como decir boca de una lámpara, o de las lámparas, porque procuró extender por medio de sus labios la luz que recibió del Señor y esclarecer después con ella a su hermano (Jn 1). El nombre de Bartolomé no es de origen hebreo, sino del sirio: se interpreta hijo del que suspende las aguas, esto es, de Cristo, que levanta de las cosas terrenales y suspende de las celestiales los corazones de los predicadores, a fin de que, penetrados más y más de las cosas divinas, derramen y llenen el corazón de sus oyentes de una gracia más abundante.Siguen Tomás y Mateo el publicano.

San JerónimoLos demás evangelistas, al tratar de la unión de los nombres de los Apóstoles, ponen primero a Mateo y después de él a Tomás. No le llaman el publicano, a fin de que no se crea que ultrajaban al evangelista recordándole su antigua profesión. Pero San Mateo se coloca después de Tomás y se llama a sí mismo publicano para manifestar que sobreabundó la gracia allí mismo donde sobreabundó el pecado (Rm 5).

RemigioEl nombre de Tomás se interpreta por abismo o gemelo y en griego por Dídimo: merece, con razón, el nombre de abismo o de Dídimo, porque cuanto más tiempo perseveró en la duda, tanto más arraigada tuvo después la fe en la pasión y en la divinidad de Cristo; fe que le hizo decir: "Mi Señor y mi Dios" (Jn. 20. 28) (Jn 20,28). El nombre de Mateo significa dado, porque por la gracia de Dios llegó a ser de publicano evangelista.Siguen Santiago, hijo de Alfeo y Tadeo.

RábanoEste Santiago es aquel que en los Evangelios y en la Epístola a los gálatas es llamado hermano o pariente del Señor. Porque su madre María, mujer de Alfeo, fue hermana o parienta de Santa María, Madre del Señor. San Juan evangelista la llama María de Cleofás, quizá por llevar Alfeo también el nombre de Cleofás, o también porque muerto Alfeo, después del nacimiento de Santiago, se casó María con Cleofás.

RemigioY con razón se le llama hijo de Alfeo, esto es, del justo o del sabio, porque él, no sólo se despojó de los vicios camales, sino que despreció todo goce temporal. Los mismos Apóstoles que le eligieron para Obispo de Jemsalén, son testigos del mérito de este Apóstol. Por esta razón dice la Historia Eclesiástica de él, que no comió carne, ni bebió vino ni cerveza, ni se bañó, ni vistió de lino y que pasaba noches y días de rodillas en oración. Y fue tal su mérito que todos lo conocían con el nombre del justo. Tadeo es aquel mismo a quien San Lucas llama Judas de Santiago, esto es, hermano de Santiago. Su Epístola es contada entre los libros canónicos y él mismo se llama en ella hermano de Santiago.

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,30En algunos ejemplares se le da el nombre de Lebbaeum, pero ¿qué se opone el que un hombre tenga dos nombres?

RemigioJudas significa confeso, porque confesó al Hijo de Dios.

RábanoEl nombre de Tadeo se interpreta por prudente, esto es, cultivador del corazón.Siguen Simón Cananeo y Judas Iscariote, que entregó a Jesús.

San JerónimoSimón el Cananeo es el mismo a quien otro evangelista llama Zelotes. Y Judas Iscariote toma este nombre o del pueblo de su nacimiento o de la tribu de Isacar. En su mismo nombre lleva escrita de una manera profética su condenación. Porque Isacar significa recompensa, palabra que parece anunciar el precio de su traición.

RemigioTambién scarioth significa memoria del Señor, porque persiguió al Señor. O también memorial de la muerte, palabra que indica todo el tiempo que estuvo meditando en su corazón el modo de entregar al Señor. También puede significar sofocación, porque se estranguló a sí mismo. Es digno de observación el que dos de los Apóstoles del Señor tuvieran el mismo nombre de Judas; en estos dos Judas están representados todos los cristianos: Judas de Santiago figura a todos aquellos cristianos que continúan constantemente confesando la fe y Judas Iscariote a todos aquellos que abandonan la fe y se vuelven atrás.

GlosaSe ponen expresamente de dos en dos, como aprobación de la sociedad conyugal.

San Agustín, de civitate Dei, 18,49Eligió por Apóstoles a aquellos hombres que eran plebeyos, sin dignidad y sin educación, a fin de que se viera que cuanto de grande fuesen o hicieren, era por el Señor que está en ellos y obra en ellos. Hubo entre ellos uno malo, que con su mal contribuyó a que se realizase el misterio de la pasión y a que dejara Jesús a su Iglesia un ejemplo de paciencia en los sufrimientos.

San Ambrosio, in Lucam, 6No hubo imprudencia en haberle elegido entre sus discípulos, porque la verdad es grande y no pierde su fuerza por la oposición de uno de sus ministros.

RábanoQuiso ser entregado por uno de sus discípulos, a fin de que llevemos con paciencia, si somos entregados por un amigo, el habernos engañado en la elección y el haber perdido nuestros beneficios.

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37-39. "El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí; el que halla a su alma, la perderá; y el que perdiere su alma por mí, la hallará". (vv. 37-39) (Mt. 10. 37-39)

San JerónimoAquel que había dicho antes: "No he venido a traer la paz sino la espada y a separar al hombre de su padre, de su madre y de su suegra", añade a fin de que nadie anteponga el sentimiento a la fe, lo siguiente: "El que ama al padre o a la madre más que a Mí, no es digno de Mí". También en el "Cantar de los cantares" se dice: "El ordenó en mí el amor" (Cant. 2. 4) (Ct 2,4). En todo amor es indispensable este orden: Ama, después de Dios, al padre, a la madre y a los hijos. Y si fuere necesario elegir entre el amor de los padres y de los hijos y el de Dios y no se pudiese amar al mismo tiempo a todos, el abandono de los primeros no es más que una piedad para con Dios. No prohibió, pues, amar al padre, a la madre y a los hijos, pero añade de una manera significativa "más que a Mí".

San Hilario, in Matthaeum, 10Porque aquellos que hayan preferido sus afectos familiares a su amor, serán indignos de la herencia de los bienes futuros.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 35,1No nos debe admirar el que mande San Pablo (Col 3) obedecer a los padres sobre todas las cosas, porque este mandato no se extiende a las cosas contrarias a la piedad. Es, en efecto, cosa santa el que les honremos sobremanera. Pero no debemos seguir su consejo cuando exigen de nosotros más de lo debido. Esta doctrina está conforme con el Antiguo Testamento: porque no solamente manda Dios (Lev 20) abandonar, sino apedrear a los que adoraban a los ídolos y, En el Deuteronomio se lee: "El que dijere a su padre y a su madre: No os conozco y a sus hermanos: os ignoro, todos éstos guardarán tu palabra" (Dt 33,9).

GlosaAcontece con mucha frecuencia que los padres amen más a sus hijos, que éstos a sus padres. Por eso nos enseñó el orden gradual del amor: primero a El, después a los padres y después a los hijos. Así lo dice expresamente: "El que ama al hijo o a la hija más que a Mí, no es digno de Mí".

RábanoCon estas palabras nos da a entender que no es digno de unirse con Dios el que prefiere el amor camal al amor espiritual de Dios.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 35,2En seguida, con el objeto de que no tuvieran pena alguna aquellos a quienes debe ser preferido el amor de Dios, los eleva El a pensamientos más sublimes. Nada verdaderamente hay más querido en el hombre que su vida y sin embargo, si no la abandonáis, tendréis adversidades. Y no sólo mandó simplemente el abandonarla, sino hasta entregarla a la muerte y a los tormentos sangrientos, enseñándonos que no sólo debemos estar preparados a morir, esto es, a sufrir cualquier clase de muerte, sino hasta la muerte más violenta y deshonrosa, es decir, hasta la muerte de cruz. Por eso dice: "Y el que no toma su cruz, etc". Aun no les había hablado acerca de su pasión, pero los va preparando entretanto, a fin de que acepten mejor sus palabras cuando trate de ella.

San Hilario, inMatthaeum, 10O bien aquellos que han crucificado su cuerpo y con él sus vicios y sus concupiscencias, son de Cristo (Gál 5) y es indigno de Cristo el que no sigue al Señor después de haber tomado su cruz, por la que nosotros sufrimos con El, morimos, somos enterrados y resucitados, para vivir con espíritu nuevo en este misterio de la fe.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelio, 57La palabra cruz viene de cruciatu (tormento o mortificación). Nosotros podemos cargar con la cruz de dos maneras: o bien dominando nuestra carne por medio de la abstinencia o bien haciendo nuestras por compasión las necesidades del prójimo. Pero es preciso tener presente, que hay algunos que hacen alarde de la mortificación, no por Dios, sino por una gloria vana y hay también algunos que se entregan por compasión al servicio del prójimo de una manera camal y no espiritual, de suerte que le conducen como con cierta compasión, no a la virtud sino al pecado. Y así parece que ellos llevan la cruz, pero no siguen al Señor y Por esto dice: "Y me sigue".

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 35,2Y puesto que a algunos podrían parecer demasiado duros estos preceptos, El expone su enorme utilidad mediante las siguientes palabras: "El que haya hallado su alma la perderá y el que la haya perdido por Mí la hallará", que equivale a decir: No sólo no es perjudicial lo que os he mandado, sino sumamente útil; lo contrario es lo perjudicial. Siempre el Señor toma sus argumentos de aquellas cosas que más desean los hombres: como si El dijera: ¿Por qué no quieres postergar tu alma? ¿Por qué la amas? Pues por lo mismo debes humillarla y entonces te será muy útil.

RemigioAquí se entiende por alma aquí, no la sustancia alma, sino la vida presente. Tiene el siguiente sentido: Aquel que ha hallado su alma, o sea esta vida presente, es decir, el que desea esta luz y su amor y sus placeres, con el objeto de poder tener siempre la vida que siempre deseó conservar, la perderá, esto es, se prepara para su condenación eterna.

RábanoO de otro modo: No duda perder su vida, esto es, entregarla a la muerte, aquel que busca su salvación eterna. Ambas interpretaciones están conformes con lo que sigue: "Y el que perdiere su alma por causa mía, la encontrará".

RemigioEsto es, y quien en el tiempo de la persecución, por confesar mi nombre, desprecie esta luz temporal, su amor y sus placeres, encontrará su salvación eterna.

San Hilario, inMatthaeum, 10De esta manera la ganancia del alma conduce a la muerte y el perjuicio del alma a la salud; porque con el detrimento de esta vida rápida, se gana la inmortalidad.

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40-42. "El que os recibe a vosotros, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe a aquél que me envió. El que recibe al profeta en nombre de profeta, recibirá la recompensa de profeta; y el que recibe al justo en el nombre de justo, recibirá la recompensa de justo. Y cualquiera que diere a beber un vaso de agua fría a uno de estos pequeñitos, tan sólo en nombre de discípulo, os digo en verdad, no perderá su recompensa", (vv. 40-42) (Mt. 10. 40-42)

San JerónimoAl mandar el Señor a sus discípulos a predicar, les enseña a no temer los peligros y a sujetar sus afectos a la fe. Y les había mandado no tener oro, ni llevar dinero en sus cintos, dura posición para los evangelistas. Porque ¿de dónde habían de sacar para sus gastos? ¿De dónde para su sustento? ¿De dónde para cubrir todas las demás necesidades? Por eso El suaviza la dureza de estos mandatos con la esperanza de las promesas, diciéndoles: "El que os recibe a vosotros, a Mí me recibe", a fin de que todo fiel crea que al recibiros a vosotros ha recibido al mismo Cristo.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 35,2Verdaderamente son suficientes estas promesas para persuadir a todos los que recibieran a los apóstoles. Porque ¿quién no recibiría con el mejor deseo a unos hombres que de esta manera estaban fortalecidos, que despreciaban todas las cosas y no tenían más objeto que la salvación de otros? Ya más arriba amenazó castigar a todos los que no los quisieran recibir y ahora promete recompensar a los que los reciben y. Primero les promete tener la gran honra de recibir a Cristo y aun al Padre. Por eso dice: "Y el que me recibe, recibe a Aquel que me envió". ¿Y qué cosa puede igualarse a este grande honor de recibir al Padre y al Hijo?

San Hilario, in Matthaeum, 10En estas palabras nos enseña que El tiene el oficio de mediador: porque viniendo El de Dios y recibiéndolo nosotros a El mismo, El mismo nos transmite a Dios y. Y según este orden de gracias, lo mismo es recibir a los apóstoles que recibir a Dios, puesto que Cristo está en los apóstoles y Dios en Cristo.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 35,2Después de esta promesa les promete otra en los siguientes términos: "El que recibe al profeta en nombre del profeta, recibirá la recompensa del profeta y el que recibe al justo, etc". No dijo simplemente el que recibe al profeta o el que recibe al justo, sino que añadió en nombre del profeta y en nombre del justo: es decir, no por su dignidad o por otro motivo temporal, sino porque es profeta o porque es justo.

San JerónimoO de otro modo. Puesto que el Señor había alentado a los discípulos a recibir a los maestros, podían los fieles responderle desde el fondo de su corazón: Luego debemos recibir a los falsos profetas y a Judas, el traidor. Para evitar esta interpretación, les dice el Señor que no miren a las personas sino al nombre y que no pierde la recompensa aquel que recibe, aun cuando el recibido haya sido indigno.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 35,2Recibirá recompensa de profeta y recompensa de justo, esto es, la que corresponde a aquel que acoge al profeta o al justo, o la que ha de recibir el profeta o el justo.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelio, 20,12Porque no dice: es del profeta o del justo la recompensa que ellos recibieron, sino la recompensa de profeta o de justo: puede ser justo este último y cuanto más despojado esté de este mundo, con tanta más confianza hablará en favor de la justicia. Aquel que posee alguna cosa en este mundo y con ella sostiene el justo, participará del mérito de la libertad de ese justo y dividirá el premio de la justicia con aquel a cuyas necesidades atendió. Ese hombre está lleno de espíritu de profecía, pero, sin embargo, necesita del alimento corporal y es cierto, que si no está alimentado su cuerpo, le faltará hasta la voz. Por consiguiente, el que alimenta al profeta, le da fuerzas para hablar; recibirá, pues, la recompensa del profeta aquel, que puso delante de los ojos de Dios los socorros con que ayudó al profeta.

San JerónimoEn sentido místico, dividirá con el profeta la recompensa del profeta todo aquel que reciba al profeta como profeta y que esté convencido de que ese hombre habla de cosas futuras: por eso los judíos, que no comprendían a los Profetas más que en sentido camal, no recibirán la recompensa de los Profetas.

RemigioEntienden algunos por profeta al mismo Nuestro Señor Jesucristo, del cual dice Moisés: "Os suscitará Dios un profeta" (Dt 18,15) y también por el Justo, porque El es el justo por excelencia. El que recibe, pues, al Profeta y al Justo en nombre del Profeta y del Justo, esto es, de Cristo, recibirá la recompensa de parte de Aquél por cuyo amor recibe.

San JerónimoPodría alguno excusarse diciendo: yo soy pobre y mi pobreza me impide dar hospitalidad, excusa que desvanece el Señor con el ejemplo de una cosa tan insignificante como es el de dar de todo corazón un vaso de agua fría a uno de estos pequeñuelos. Dice de agua fría y no caliente, a fin de que la pobreza no careciese de mérito en la imposibilidad de calentar el agua por no tener combustible para ello.

RemigioDice a uno de estos pequeñuelos, esto es, no solamente a los justos y a los Profetas, sino a cualquiera por insignificante que sea.

GlosaNotad cómo Dios atiende más al piadoso afecto del que da, que a la cantidad de la cosa que se da. O también: son pequeñitos aquellos que nada poseen en este mundo y serán jueces con Cristo.

San Hilario, in Matthaeum, 10O también: previendo El que había de haber muchos que no teniendo más gloria que la que da el nombre de apóstol y que por las acciones de su vida harían dudosa toda verdad, no deja sin recompensa el obsequio que por un motivo religioso se haga a éstos mismos. Porque aunque éstos sean los más pequeños de todos, esto es, los últimos de los pecadores, los servicios que se les haga, aun los más insignificantes expresados por el vaso de agua fría, tendrán valor, porque no se dio el honor a los pecados del hombre, sino al nombre de discípulo.