Nehemías 13: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

La separación de los extranjeros [ 1 | 3 ]

1-2 [bj] 🡔Deut. 23. 4-6 [bc] Núm. 22. 1-6; Núm. 22; Núm. 23; Núm. 24; Neh. 4. 6-10

1 * Aquel día, se leyó el libro de Moisés en presencia del pueblo, y en él se encontró escrito: “El amonita y el moabita no entrarán jamás en la asamblea de Dios, 2 porque no acogieron a los israelitas con pan y agua, sino que contrataron contra ellos a Balaám para que los maldijera, pero nuestro Dios cambió la maldición en bendición”.

3 [bj] Neh. 13. 4-9. 23-28

3 Cuando escucharon la Ley, separaron de Israel a todos los mestizos.

LA SEGUNDA MISIÓN DE NEHEMÍAS

Antes de la muerte de Artajerjes I - acaecida en el 424 a.C.- Nehemías obtiene una nueva autorización para regresar a Jerusalén. Allí se ve obligado a reprimir los abusos introducidos durante su ausencia. En sus memorias, el gran reformador se refiere a las medidas tomadas para restablecer el orden en el Templo y en la Ciudad santa, y concluye su relato con esta sencilla oración: “Acuérdate de mí, Dios mío, para mi bien” (v. 31).

Las “memorias” de Nehemías lo muestran como un hombre de acción, de fe ardiente y entregado en cuerpo y alma al servicio de su pueblo. Cuando el libro del Eclesiástico hace el elogio de los grandes antepasados de Israel, le dedica estas palabras: “También es grande el recuerdo de Nehemías: él fue quien levantó nuestros muros en ruinas, el que puso puertas y cerrojos y reconstruyó nuestras casas”(Ecli. 49. 13).

Las reformas de Nehemías: Tobías expulsado del Templo [ 4 | 9 ]

4 [bc] Neh. 2. 10; Neh. 6. 18

4 Antes de esto, Eliasib, el sacerdote encargado de las dependencias de la Casa de nuestro Dios, un pariente de Tobías,

5 [bj] Neh. 12. 44

5 había acondicionado para este una habitación amplia, donde antes se depositaban las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del trigo, del vino nuevo y del aceite fresco, o sea, lo que estaba mandado para los levitas, los cantores y los porteros, y lo reservado para los sacerdotes.

6 [bc] Esd. 7. 1

6 Mientras tanto, yo estaba ausente de Jerusalén, porque el trigésimo segundo año de Artajerjes, rey de Babel, había ido a ver al rey. Al cabo de un tiempo, con el permiso del rey, 7 volví a Jerusalén y me enteré de la mala acción que había cometido Eliasib en beneficio de Tobías, al acondicionarle una sala en el recinto de la Casa de Dios.

8 [bj] Mt. 21. 12-13p; Jn. 2. 13-17

8 Esto me disgustó muchísimo, y arrojé fuera de su habitación todo el mobiliario de la casa de Tobías. 9 Luego mandé purificar las habitaciones e hice poner de nuevo allí los utensilios de la Casa de Dios, las ofrendas y el incienso.

Disposiciones sobre el pago de los diezmos [ 10 | 14 ]

10 [bj] Neh. 12. 44.47 [bc] Deut. 12. 19; Neh. 10. 39

10 Supe también que no se entregaban las porciones a los levitas, y que los levitas y cantores encargados del culto se habían refugiado cada uno en su campo. 11 Entonces encaré a los magistrados y les dije: “¿Por qué se ha descuidado la Casa de Dios?”. Luego reuní a los levitas y cantores y los restablecí en sus puestos.

12 [bj] Neh. 10. 38s [bc] Lev. 27. 30; Núm. 18. 21; Mal. 3. 8-10

12 Todo Judá trajo a los depósitos los diezmos del trigo, del vino nuevo y del aceite fresco; 13 y puse al frente de los depósitos al sacerdote Selemías, al escriba Sadoc, y a Pedaías, uno de los levitas, y como ayudante, a Janán, hijo de Zacur, hijo de Matanías, porque se los consideraba personas de confianza. Ellos eran los encargados de distribuir las porciones entre sus hermanos.

14 [bc] Neh. 5. 19; Neh. 13. 22. 29. 31

14 Por todo esto, ¡acuérdate de mí, Dios mío, y no olvides las obras de piedad que realicé por la Casa de mi Dios y por su culto!

Disposiciones sobre la observancia del sábado [ 15 | 22 ]

15 [bj] Neh. 10. 32; Éx. 20. 8+; Jer. 17. 21 [bnp] Jer. 17. 19-27 [bc] Éx. 20. 8-10; Is. 56. 2. 4. 6; Is. 58. 13; Jer. 17. 17; Ez. 20. 12-14

15 En aquellos días, vi gente en Judá que pisaba los lagares durante el sábado. Otros acarreaban gavillas y también cargaban sobre los asnos vino, uvas, higos y toda clase de cargas, para traerlos a Jerusalén en día sábado. Y yo los reprendí, mientras vendían sus mercaderías.

16 [bc] Ez. 27. 12-36; Ez. 28. 12-24

16 Además, algunos tirios que se habían establecido en Jerusalén, hacían entrar pescado y toda clase de mercancías para venderlas durante el sábado a los judíos, en Jerusalén. 17 Yo encaré a los notables de Judá y les dije: “¡Ustedes obran mal profanando el día sábado!

18 [bc] Jer. 17. 21-27; Ez. 20. 12-24

18 Eso mismo hicieron sus padres, y por eso nuestro Dios envió tantas desgracias sobre nosotros y sobre esta ciudad. Al profanar el sábado, ustedes aumentan la ira de Dios contra Israel”.

19 [bnp] Is. 58. 13s

19 Cuando las puertas de Jerusalén estaban en penumbra, antes del sábado, mandé que las cerraran y ordené que no las reabrieran hasta pasado el sábado. Además aposté a algunos de mis hombres junto a las puertas, para que no entrara ninguna carga el día sábado. 20 * Una o dos veces, los traficantes y vendedores de toda clase de mercancías se instalaron fuera de Jerusalén.

21 [blpd] Ecli. 49. 13

21 * Pero yo les advertí: “¿Por qué se instalan delante de la muralla? Si lo vuelven a hacer, los haré detener”. Desde entonces, ya no volvieron más durante el sábado. 22 Luego ordené a los levitas que se purificaran y fueran a custodiar las puertas, a fin de santificar el día sábado.
También por esto, ¡acuérdate de mí, Dios mío, y ten piedad de mí, por tu gran fidelidad!

Prohibición de los matrimonios con extranjeras [ 23 | 27 ]

23 [bj] Neh. 10. 31;; Neh. 13. 1-3+ [bc > 23-25] Esd. 9; Esd. 10; Neh. 10. 30; Éx. 34. 11-16; Deut. 7. 1-5

23 También vi en esos días que algunos judíos se habían casado con mujeres asdoditas, amonitas y moabitas. 24 La mitad de sus hijos hablaban asdodeo u otras lenguas, pero ya no sabían hablar la lengua de los judíos.

25 [blpd] Deut. 7. 3; Esd. 9. 12 [bnp] Deut. 7. 1-4 [bc] Neh. 10. 29-30; Deut. 28

25 * Yo los reprendí y los maldije, golpeé a algunos, les tiré de los cabellos y los conjuré en nombre de Dios, diciéndoles: “¡No entreguen sus hijas a los hijos de ellos, ni se casen con sus hijas, ni ustedes, ni su hijos!.

26 [bj] 1 Rey. 11. 1-13; 2 Sam. 12. 25+

26 ¿No fue acaso por esto que pecó Salomón, rey de Israel? Entre tantas naciones, no había otro rey semejante a él; era amado por su Dios y Dios lo había hecho rey de todo Israel. Sin embargo, incluso a él, lo hicieron pecar las mujeres extranjeras. 27 ¿También de ustedes se oirá decir que cometen ese gran crimen de traicionar a nuestro Dios, casándose con mujeres extranjeras? ”

Otras disposiciones [ 28 | 31 ]

28 [bj] Neh. 2. 10+ [bc] Lev. 21. 14; Neh. 2. 10; Neh. 3. 33-34; Neh. 6. 1-14;

28 Yo eché de mi lado a uno de los hijos de Ioiadá, hijo del Sumo Sacerdote Eliasib, que era yerno de Sambalat, el joronita.

29 [bc] Neh. 5. 19; Mal. 2. 1-9

29 ¡Acuérdate de esta gente, Dios mío, porque mancillaron el sacerdocio y la alianza de los sacerdotes y de los levitas!

30 [bc] Neh. 10. 30-39; Neh. 12. 44-47; Neh. 13. 12-13

30 Yo los purifiqué de todo elemento extranjero. Establecí para los sacerdotes y los levitas reglamentos que determinaban la tarea de cada uno,

31 [bp] Sal. 25. 7

31 e hice lo mismo para la ofrenda de la leña, en los tiempos fijados, y para las primicias.
¡Acuérdate de mí, Dios mío, para mi bien!
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Deut. 23. 4-6.

1. Deut. 23. 4-6:

4 El amonita y el moabita no serán jamás admitidos en la asamblea del Señor, ni siquiera en la décima generación. 5 Porque ellos no se adelantaron para ofrecerles agua y alimento, cuando ustedes iban por el camino, a la salida de Egipto; y porque Moab contrató a Balaam, hijo de Beor, que era de Petor en Arám Naharaim, a fin de que te maldijera. 6 Pero el Señor, tu Dios, no quiso escuchar a Balaam, sino que cambió la maldición en bendición, porque él te ama.
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Ver Deut. 7. 3; Esd. 9. 12.

1. Deut. 7. 3:

3 No establezcas vínculos de parentesco con ellos, permitiendo que tu hija se case con uno de sus hijos, o tomando una hija suya por esposa de tu hijo.

2. Esd. 9. 12:

12 Por eso, no entreguen sus hijas a los hijos de ellos ni casen a sus hijos con las hijas de esa gente. No busquen nunca su paz ni su bienestar. Así ustedes llegarán a ser fuertes, comerán los mejores frutos de la tierra, y la dejarán en herencia a sus hijos para siempre'.