Nehemías 2: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

El viaje de Nehemías a Jerusalén [ 1 | 10 ]

1-3 [bpe] Dn. 1. 10 [vd] Est. 4. 2; Esd. 4. 7-23 [ncbsj] Dn. 9. 4; Esd. 9. 5

1 En el mes de Nisán, el vigésimo año del reinado de Artajerjes, siendo yo el encargado del vino, lo tomé y se lo ofrecí al rey. Como nunca había estado triste en su presencia, 2 el rey me preguntó: “¿Por qué tienes esa cara tan triste? Tú no estás enfermo. Seguramente hay algo que te aflige” . Yo experimenté una gran turbación,

3 [bc] 2 Rey. 25. 8-10; 2 Crón. 36. 19; Jer. 52. 12-14

3 y dije al rey: “¡Viva el rey para siempre! ¿Cómo no voy a estar con la cara triste, si la ciudad donde están las tumbas de mis padres se encuentra en ruinas y sus puertas han sido consumidas por el fuego?”. 4 El rey me dijo: “¿Qué es lo que quieres?”. Yo me encomendé al Dios del cielo,

5 [bnp] Is. 60 [ncbsj] 1 Mac. 13. 52

5 y le respondí: “Si es del agrado del rey y tú estás contento con tu servidor, envíame a Judá, a la ciudad donde están las tumbas de mis padres, para que yo la reconstruya”.

6 [bc] Neh. 3. 12; Neh. 5. 1-5; Neh. 8. 2-3; Neh. 10. 31; Neh. 12. 43

6 El rey, que tenía a la reina sentada a su lado, me dijo: “¿Cuánto tiempo durará tu viaje y cuándo estarás de regreso?” . Al rey le pareció bien autorizar mi partida, y yo le fijé un plazo.

7 [bc] Esd. 4. 9-11; Est. 1. 1

7 Luego dije al rey: “Si el rey lo considera conveniente, se me podrían dar cartas para los gobernadores del otro lado del Éufrates, a fin de que me faciliten el viaje a Judá. 8 También podrían darme una carta para Asaf, el supervisor de los parques del rey, a fin de que me provea de madera para armar las puertas de la ciudadela del Templo, para las murallas de la ciudad y para la casa donde voy a vivir”. El rey me concedió todo eso, porque la mano bondadosa de mi Dios estaba sobre mí.

9 [bj] Esd. 8. 22 [ncbsj] Deut. 23. 4

9 Yo me presenté ante los gobernadores del otro lado del Éufrates y les entregué las cartas del rey. Además, el rey me había hecho escoltar por oficiales del ejército y por algunos jinetes.

10 [vd] Is. 15. 5; Éx. 21. 1-7; 1 Sam. 29. 3; 2 Rey. 22. 12

10 * Pero cuando Sambalat, el joronita, y Tobías, el esclavo amonita, se enteraron de mi llegada, se disgustaron mucho de que alguien viniera a prestar ayuda a los israelitas.

La inspección de las murallas [ 11 | 16 ]

11 Al llegar a Jerusalén, dejé pasar tres días. 12 Luego me levanté de noche, acompañado de unos pocos hombres, sin comunicar a nadie lo que Dios me había inspirado hacer en favor de Jerusalén y sin llevar otro animal que aquel en el que iba montado.

13 [bpe] Lam. 2. 8 [vd > 13-14] 1 Rey. 1. 9

13 Salí de noche por la puerta del Valle, en dirección a la fuente del Dragón y a la puerta del Basural, e inspeccioné atentamente las murallas de Jerusalén, allí donde había brechas y donde las puertas habían sido consumidas por el fuego.

14 [bp] Sal. 48. 13 [vd] 2 Rey. 25. 4

14 Proseguí mi camino hacia la puerta de la Fuente y hacia el estanque del Rey, pero no encontré un lugar por donde pasar con mi cabalgadura. 15 Subí entonces de noche por el Cedrón, inspeccionando siempre las murallas, y luego volví atrás, pasando de nuevo por la puerta del Valle.
16 Los magistrados no sabían adónde había ido ni qué había hecho: hasta ese momento, yo no había comunicado nada a los judíos, ni a los sacerdotes, ni a los notables, ni a los magistrados, ni a los otros encargados de los trabajos.

La decisión de reconstruir las murallas [ 17 | 20 ]

17 [bpe] Is. 54. 11-12

17 Entonces les dije: “Ustedes ven en qué lamentable situación nos encontramos. Jerusalén está en ruinas y sus puertas incendiadas. ¡Reconstruyamos las murallas de Jerusalén, y no seremos más objeto de oprobio!”.

18 [bpe] Is. 54. 11ss

18 Luego les expliqué cómo la mano bondadosa de mi Dios había estado sobre mí y también les comuniqué las palabras que me había dicho el rey. “¡Vamos, dijeron ellos, pongámonos a trabajar!” . Y emprendieron esta buena obra con toda decisión.

19 [bpe] Sal. 59. 9; Sal. 80. 7; Prov. 1. 26 [vd] Esd. 4. 7-23 [bc] Neh. 6. 5-6

19 * Cuando Sambalat, el joronita, Tobías, el esclavo amonita, y Guésem, el árabe, se enteraron de esto, se burlaron de nosotros y nos despreciaron, diciendo: “¿Qué están haciendo? ¿Se van a rebelar contra el rey?”.

20 [bnp] Is. 56. 5 [vd] Esd. 4. 3 [bc] 2 Sam. 20. 1

20 Yo, por mi parte, les respondí: “El Dios del cielo nos coronará con el éxito. Nosotros, sus servidores, nos pondremos a trabajar. Ustedes, en cambio, no tienen parte, ni derechos, ni recuerdos en Jerusalén”.
2 10

Apenas llegado a Jerusalén, Nehemías debió enfrentarse con estos dos adversarios, que nunca dejaron de crearle inconvenientes. “Tobías” tenía un nombre judío y estaba emparentado con algunas familias de Jerusalén (6. 17-19), pero Nehemías lo llama despectivamente “esclavo amonita”, porque era un funcionario al servicio de aquella región.

1. 6. 17-19:

17 Aun en aquellos días, algunos notables de Judá se carteaban frecuentemente con Tobías, 18 porque estaban ligados a él por un juramento, ya que era yerno de Secanías, hijo de Ará, y su hijo Iojanán se había casado con la hija de Mesulám, hijo de Berequías. 19 Ellos hablaban bien de él en mi presencia y le transmitían mis palabras. Tobías, por su parte, enviaba cartas para intimidarme.
19

“Guésem” o Gasmú (6. 6), es llamado “el árabe”, ya sea por su origen o porque era el gobernador de las tribus árabes que se fueron infiltrando paulatinamente al sur de Palestina y de la Transjordania.

1. 6. 6:

6 En ella estaba escrito: "Se oye decir entre la gente -y lo afirma Gasmú- que tú y los judíos piensan sublevarse, y por eso reconstruyes las murallas. Según esos rumores, tú vas a ser su rey,